
En los casos de diarrea prolongada o en los episodios frecuentes de infección intestinal se observa que además de la pérdida de peso hay detención del crecimiento, lo que puede producir enanismo nutricional, esto es déficit de la estatura en relación con la edad cronológica. En estos casos se han documentado alteraciones morfológicas y fisiológicas graves que en general se asocian con procesos de desnutrición crónica. Investigaciones sobre la epidemiología de la desnutrición han demostrado que las diarreas desempeñan un papel muy importante en la etiología de la desnutrición aguda y crónica. Mantener la alimentación durante la enfermedad y acortar su duración es una forma de disminuir o prevenir el daño nutricional que ellas producen.
Alimentación durante la diarrea
La práctica del ayuno parcial o total en el tratamiento de las diarreas se basa en la creencia de que el tránsito rápido del contenido intestinal, la reducción de la actividad enzimática de las células intestinales y los daños que causan a la mucosa intestinal los microorganismos afectan la absorción de los alimentos durante la enfermedad. En la actualidad se reconoce que estas alteraciones existen principalmente en los procesos graves de diarrea. En general estos procesos corresponden a casos crónicos asociados con la desnutrición, y representan menos del 5% de las diarreas. Por otra parte, la mayoría de las enfermedades diarreicas son de naturaleza aguda y se resuelven o mejoran en un tiempo promedio de siete días, por lo que es innecesario establecer restricciones en la dieta de los niños con diarrea aguda no complicada.
Bases para promover la alimentación en niños con diarrea
Investigaciones recientes sobre la absorción y utilización de los alimentos en pacientes con diarrea han demostrado que:
- Las diarreas infecciosas causan disminución transitoria de la actividad de las disacaridasas que puede interferir en la digestión y absorción de la lactosa, pero no de los otros disacáridos. Esta alteración se produce principalmente en las diarreas causadas por virus o entero bacterias invasoras, mientras que en las diarreas toxigénicas el daño es menor.
- No se ha demostrado una relación verdadera entre la duración de las diarreas y el volumen y tipo de los alimentos ingeridos, el volumen y la frecuencia de las evacuaciones intestinales, y la velocidad del tránsito intestinal.
- A pesar de que durante la mayoría de los episodios de diarrea se produce reducción en la absorción de nitrógeno, carbohidratos y grasas, siempre se absorbe una cantidad sustancial de nutrientes suficiente para lograr un balance positivo.
Por otra parte, se ha comprobado que la reducción de la ingesta puede agravar la diarrea:
- Un período de ayuno de 3 a 5 días agrava las alteraciones causadas por la infección intestinal, pues por la falta de alimentos en la luz intestinal las células intestinales disminuyen aún más la producción enzimática al no tener el estímulo de los alimentos. Consecuentemente disminuye la absorción de azúcares que, al permanecer en la luz intestinal, pueden agravar la diarrea atrayendo agua hacia el intestino debido a su alta actividad osmótica. Es decir que el ayuno y la diarrea pueden tener un efecto sinérgico aumentando la mala absorción intestinal y prolongando así la diarrea con alto riesgo de agravar el estado de nutrición. También puede causar deshidratación hipernatrémica por este tipo de diarrea líquida con alto contenido de agua y poco sodio.
- Una dieta hipocalórica durante 10 días causa una reducción del 42% en la respuesta respiratoria a la hipoxia, y del 25% en la tasa metabólica basal.
También se ha comprobado que la presencia de alimentos en la luz Intestinal facilita la recuperación y maduración de las células intestinales:
- Los sustratos orgánicos (glucosa o glicina, por ejemplo), facilitan la absorción del sodio y del agua.
- Tanto los carbohidratos como las proteínas en la luz intestinal estimulan la producción de las enzimas digestivas intestinales y favorecen la proliferación y maduración celular. Parece que cada clase de sustrato interacciona con transportadores de sodio diferentes; en consecuencia, cuando dos o más sustratos están presentes en el intestino se observa un efecto aditivo en la absorción de sodio y agua.
- Un sustrato (glucosa, por ejemplo), puede revertir la secreción intestinal y los síntomas clínicos de mala absorción inducidos por otro sustrato (lactosa, por ejemplo).
- Los carbohidratos de la dieta inducen la producción de las enzimas intestinales, y por tanto tienen un efecto protector y no dañino para la mucosa intestinal. De tal manera que una dieta mixta de carbohidratos podría evitar la depleción de disacaridasas durante la diarrea.
- Igualmente, la presencia de leche entera de vaca en el intestino, administrada en cantidades pequeñas, inducirá la producción de lactasa logrando que la leche sea tolerada cuando se administre en mayor cantidad 23 días después.
De acuerdo con esta información se puede concluir que, a pesar de la disminución transitoria en la absorción de los alimentos, se debe continuar su administración durante la diarrea, pues siempre se produce una absorción importante de nutrientes aun durante la fase aguda de la enfermedad. Además, se ha comprobado que la diarrea no se agrava cuando los niños reciben alimentos. De esta manera la alimentación durante la enfermedad puede compensar las pérdidas de nutrientes causadas por la diarrea, ayudando así a la prevención o disminución del daño nutricional que producen las infecciones entéricas.
