La enfermedad es tan antigua como el hombre; así lo atestiguan las lesiones encontradas por los paleontólogos en los restos óseos de los individuos que vivieron en los primeros tiempos de la humanidad. Frente al dolor o al daño orgánico causado por el agua, el frío, el viento, las plantas venenosas, los animales salvajes o los microorganismos, el hombre luchó por remediarlos o evitarlos con sus propios medios o con ayuda de sus semejantes. De ese modo comenzó la medicina, con la inquielanza, una espina, una picadura, un parásito), de donde dedujo que descubriendo la causa y alejándola podía curar, con lo que se originó el rás antiguo concepto de la etiología de las enfermedades, surgiendo la medicina instintiva. Según ésta, en cada enfermedad se puede descubrir la causa externa o inmediata que la produce. De ello sacó la conclusión de que las restantes dolencias, de las que ignoraba su etiología, también procedían de afuera, aun cuando sus sentidos no le permitieran descubrir el mecanismo de la penetración. A la manera del rayo o de la flecha, un tumor o un dolor también debían ser provocados por una causa externa, invisible y misteriosa, pero capaz de ocasionar la enfermedad o la muerte. Buscando la etiología de las enfermedades en el Sol, las estrellas, el trueno, el agua de mar, etc., descubrió el efecto terapéutico de los agentes naturales. tales como la luz solar, el frío, el calor y el agua.

De esa medicina empírica nació la concepción mágica de la enfermedad. Puesto que ésta se su-ponía provocada por fuerzas sobrenaturales, era necesario luchar contra las influencias maléficas, contra los demonios que poblaban el medio en que vivía el hombre prehistórico. Todo objeto, todo fenómeno estaba lleno de almas errantes, espíritus nocturnos, vestigios, sombras y elfos. Era necesario sustraer al enfermo de dichas influencias; de ahí derivó el origen de las máscaras y de ritos como el de cambiar el nombre del enfermo o rodearlo de una cadena simbólica que garantizará su intangibilidad. Así, el hombre médico se convirtió en expulsador de demonios, con lo que surgieron el médico mago y la medicina mágica. El mago, observando las estrellas o las vísceras de los animales, predecía el futuro, y utilizando máscaras, cabezas o pieles de éstos era capaz de atemorizar a los demonios. Sus prácticas se acompañaban casi siempre de grandes ruidos, danzas, exorcismos y sahumerios.

En este clima de misticismo surgió la idea de que los muertos y los vivos eran capaces de ejercer efectos nocivos sobre algunos individuos, superstición llamada mal de ojo, que persiste aún en la actualidad. La defensa contra el mal de ojo fue uno de los fundamentos terapéuticos de los pueblos primitivos, que para ello utilizaron como amuleto un sinnúmero de objetos. De la observación de los animales, el médico mago adquirió algunas nociones terapéuticas. Vio que ellos se lamen las heridas, se sacan las astillas con las uñas, y los parásitos con las garras, e imitó sus procedimientos, creando instrumentos para cumplir tales prácticas. Con el tiempo, y a fin de garantizar el secreto del ejercicio de su profesión, los médicos magos se separaron del resto de la población y constituyeron una casta aparte, la cual rodeó sus prácticas de misterio y utilizó vestimentas que hacían aparecer a sus miembros como hombres superiores. De este modo surgió la medicina sacerdotal con lo que se garantizaba la transmisión de los conocimientos empíricos y de la experiencia resultante del uso de dietas, baños y vegetales como medio terapéutico.

La Medicina Mesopotámica

Cuatro mil años a. de J. C. comenzó a florecer la medicina mesopotámica, precursora del asirio babilónico. Es la más antigua de las hasta ahora conocidas y se caracterizaba por el concepto mágico de la etiología de las enfermedades. Los sumerios, expertos astrólogos, trataron de establecer relaciones entre los fenómenos naturales, los astros, las estaciones y el origen y manifestaciones de las enfermedades; así comenzó la concepción astrológica de la medicina. En la biblioteca de Sardanápalo, en Nínive, se han encontrado innumerables tablillas de arcilla con la descripción de los remedios utilizados por Ios médicos magos, como también un presunto libro de obstetricia. Alrededor del año 2000 a. de J.C. floreció la civilización babilónica y asiria. En ésta, la medicina era ejercida por una casta sacerdotal de profesionales. El Código de Hammurabi, que data del año 1900 a. de J. C., contiene disposiciones sobre el ejercicio de la medicina y la responsabilidad penal y civil del médico, lo que demuestra que la profesión médica era regida por leyes. Con posterioridad se formó una casta de cirujanos y médicos laicos, que asimismo debían regir sus actividades según las disposiciones codificadas. A lo largo de los siglos de su desarrollo, la medicina mesopotámica enriqueció la terapéutica medicamentosa, valoró los fenómenos naturales expuso los primeros conceptos de medicina social y codificó el ejercicio de la medicina.

 

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