Demografía, nivel de salud y metas propuestas para el año 2000

En la práctica, la llamada transferencia tecnológica ha sido el mecanismo más generalizado para la incorporación del desarrollo tecnológico en los países menos industrializados. Sin embargo, en la mayor parte de los casos esa transferencia consiste más bien en la aceptación y adquisición masiva, a granel e indiscriminada, de tecnología (más que de conocimientos), independientemente de sus posibilidades reales de uso, adaptación, eficiencia y eficacia.

Las limitaciones en la disponibilidad de recursos de toda índole destinados al desarrollo de la capacidad científica y tecnológica se manifiestan sobre todo en la debilidad del sistema para responder a las presiones. Estas se generan como resultado de la comercialización y mercadeo de las tecnologías de salud en el contexto internacional, y de los intereses de grupos científicos y profesionales dentro del propio país, cuyo comportamiento puede estar fuertemente influido por los sistemas de salud de los países más desarrollados. En los países latinoamericanos hay un creciente interés en el análisis de los problemas de la dependencia tecnológica. Es necesario que haya una mayor inversión en investigaciones que aclaren cuestiones de esta naturaleza y motiven la búsqueda de soluciones adecuadas. Dentro de la amplia gama de asuntos que se deben estudiar con mayor profundidad y detenimiento cabe mencionar la proliferación y aparente sobreutilización de productos farmacéuticos y la incorporación y uso de tecnologías médicas de alto costo en la prestación de servicios de salud, teniendo en cuenta que el acceso de la población a los mismos se ve limitado por factores de índole económica, geográfica, social o institucional.

América Latina se caracteriza por ser una región donde predominan los niños y las mujeres en edad fértil. Este elemento demográfico, que juega en íntima relación con los factores socioeconómicos y culturales, imprime un sello particular a la producción, al empleo, a la estructura familiar y también a las necesidades de salud. Las peculiaridades demográficas constituyen así el telón de fondo de la situación de salud de la población y, en gran medida, determinan las acciones necesarias para satisfacer las expectativas en salud. Las conocidas deficiencias en los registros de hechos vitales de América Latina deben inducir a un análisis crítico de la situación y no impedir el uso de la información que brindan. Si se interpretan con racionalidad, esos datos cobran especial importancia ya que permiten el establecimiento de una base de partida para encarar nuevas acciones. Con el fin de alcanzar la meta de salud para todos en el año 2000los gobiernos de las Américas adoptaron objetivos mínimos regionales. Estos objetivos no solo requieren que se eleven los niveles de salud y de bienestar, sino que, además, se alcance una justa distribución del bien social. Los propósitos de este trabajo son ofrecer un marco demográfico referencial; analizar el nivel de salud en relación con las metas propuestas para el año 2000, las que en gran medida corresponden al área materno infantil; bosquejar la situación actual de la extensión de cobertura de los sistemas de servicios de inmunizaciones y de abastecimiento de agua y de alcantarillado, y visualizar la posibilidad de alcanzar las metas en el lapso propuesto.

Factores demográficos

Al finalizar el decenio de 1970 la Región de las Américas tenía una población de 612 millones de habitantes: 364 en América Latina y 248 en América del Norte. De acuerdo con la variante media de las proyecciones realizadas por las Naciones Unidas, entre 1980 y el año 2000 la población se incrementará en 249 millones (41%), lo que significa que para fines de este siglo habitarían este continente 861millones de personas. En América Latina, en 1980 residía el 59% de la población de las Américas y para el año 2000 ese porcentaje aumentará al 66%. Las altas tasas de crecimiento de la población se deben sobre todo a la permanencia de tasas de natalidad elevadas, que se acentúan por la declinación de la mortalidad. Las tasas de natalidad se han reducido de manera considerable en todas las subregiones desde el quinquenio 19501955 hasta el presente, y se proyecta que el descenso continuará. Sin embargo, estas tasas permanecen con valores altos, en especial en las subregiones de Mesoamérica y América del Sur Tropical. Los descensos de las tasas de mortalidad que se produjeron simultáneamente en todas las subregiones determinan las altas tasas de crecimiento de la población anual que se observan en el cuadro 1. Alterar en forma drástica esta situación requeriría cambios importantes en las pautas de fecundidad vigentes, las cuales se hallan enraizadas en concepciones sociales y culturales que dificultan su modificación a corto plazo.

La población de América Latina es muy joven, con una edad mediana de 19,7 años en 1980, que aumentará a 23,0 para el año 2000. La población de la subregión de Mesoamérica es la más joven de América Latina, con una edad mediana de 17,5 años en 1980 y 21,1 en el año 2000. En el otro extremo se encuentra América del Sur Templada, con valores de 27,0 y 29,9 años. Estas diferencias entre subregiones, así como el enorme peso que ejercen los niños menores de 15 años y las mujeres en edad fértil se reflejan en la distribución porcentual de la población según grandes grupos de edad. En América Latina considerada en su totalidad, en 1980 casi 40% de la población era menor de 15 años de edad. Este grupo, sumado al de mujeres de 15 a 49 años comprendía entre 54 y 67% de la población en las subregiones de América Latina. América del Sur Templada presenta, sin embargo, un cuadro muy distinto de los de las demás subregiones: solo el 26% de su población será menor de 15 años para el año 2000.Es obvio que estas características de la población tienen importantes implicaciones para el sector salud, ya que exigen que se lleven a cabo acciones que respondan a las necesidades de una población joven. Un cambio en la estructura por edades ocasiona un problema que tiene múltiples facetas, no solo para el sector salud sino también para los otros sectores del desarrollo, por ejemplo, educación y trabajo. Esta situación se torna aún más complicada si se tiene en cuenta que la población económicamente activa está compuesta sobre todo por varones, y que durante los próximos dos decenios se espera una incorporación mucho mayor de las mujeres al mercado de trabajo.

 

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