Asistencia del parto, estimulación del niño e intervenciones profilácticas

La asistencia médica del parto, en especial la institucional, es uno de los indicadores de la efectividad de los programas de extensión de la cobertura de servicios, cuyos beneficios son evidentes y se reflejan sin duda en la disminución de las tasas de mortalidad materna e infantil. Sin embargo, esta asistencia puede tener matices iatrogénicos. Al respecto Caldcyro Barcia dice: «‘Uno de los problemas actuales que se encuentran al estudiar la conducta de los padres, especialmente durante cl parto en la mayoría de las maternidades es que los cuidados modernos perinatales han distorsionado los patrones de conducta del protagonista (padre niño) así como del equipo perinatal, transformando un acto fisiológico en un acto complejo médico quirúrgico. Se puede corregir esta situación mediante la reeducación de los padres y de los proveedores de asistencia, favoreciendo la participación de aquellos en los preparativos del parto, propiciando la adopción de una postura fisiológica para el acto del parto (posición en cuclillas) y promoviendo la interacción psicosocial continua con el niño desde el momento del nacimiento.

Desnutrición y desarrollo mental

La desnutrición a menudo coexiste y forma parte del trasfondo de la pobreza. Una idea que prevalece en muchos medios y que constituye la hipótesis de numerosos trabajos es que la desnutrición puede ser causa de retardo en el desarrollo de las facultades intelectuales del niño. No obstante, Graham señala que «‘algunos creen que el cerebro está especialmente protegido contra el hambre y que cuando se detectan frecuencias más altas que lo normal de fallas y conductas anormales en poblaciones desnutridas, ello se debe a la privación de estímulos sociales más que a la falta de alimentos. La evidencia de que el hambre por sí sola puede alterar dentro de ciertos límites las funciones cognitivas es hoy hasta cierto punto algo razonablemente cierto, pero menos cierto es que algunas anormalidades del comportamiento pueden producirse en esa forma. En sus conclusiones diversos investigadores latinoamericanos reconocen la interinfluencia de la desnutrición y la falta de estímulos como elementos negativos del desarrollo intelectual, especialmente de las funciones cognitivas. Además, la desnutrición y la carencia de estímulos favorecen las enfermedades de trasfondo biológico (infecciones, traumatismos, intoxicaciones) cuyos efectos sobre las estructuras físicas del sistema nervioso central del niño pueden ser en extremo perniciosas.

Accidentes

En la mayor parte de los países de América Latina los accidentes se encuentran entre las cinco primeras causas de muerte en el grupo de edad de 1 a 24 años. No se dispone de cifras de morbilidad, pero se estima que son igualmente muy elevadas. Una gran proporción de los accidentes que ocurren entre cl nacimiento y los 14 años de edad acontecen en cl hogar y corresponden a intoxicaciones, traumatismos y quemaduras. Numerosas investigaciones en los países desarrollados han establecido una relación entre los accidentes en niños con la falta de supervisión de los mismos, con el nivel de educación de los padres, con las condiciones de seguridad del hogar y con la automedicación por parte de los adultos. En América Latina hacen falta estudios que aclaren las posibles relaciones causales entre la alta morbimortalidad por accidentes en niños, el perfil psicológico de los padres y las condiciones sociales y materiales del hogar. Entre los 15 y los 24 años de edad un número elevado de muertes e incapacidades son consecuencia de accidentes viales. Las tasas son mucho más altas entre los varones y reflejan la conducta que busca el riesgo prevalente entre los jóvenes.

Agresión física

Se han estudiado en detalle las circunstancias sociales y psicológicas que favorecen la elevada frecuencia de agresión física al niño de corta edad. La incidencia del llamado “’síndrome del niño golpeado” es relativamente alta en poblaciones de nivel socioeconómico bajo y en minorías étnicas. La agresión física a los niños por los adultos está asociada con frecuencia al alcoholismo de los padres, a la falta del padre biológico, a la desorganización de la familia y a la presencia de problemas económicos en el hogar. El hecho de que el síndrome mencionado prácticamente no aparezca en las estadísticas de América Latina lleva a pensar que existe un su registro debido posiblemente a que los servicios médicos no están acostumbrados a indagar las causas reales de los traumatismos que presentan los niños, aceptando de buena fe el diagnóstico de lesión accidental. Lo cierto es que en muchas ciudades de América Latina se dan las condiciones sociales que favorecen la agresión a los niños por parte de los adultos, cuyo diagnóstico etiológico debería poder hacerse con más rigor.

 

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