
La malnutrición constituye un factor condicionante de la mortalidad del niño, especialmente en los países en desarrollo. Se afirma que la malnutrición es la causa principal de la mortalidad en la niñez en el Tercer Mundo. Sin lugar a dudas la malnutrición constituye una causa determinante de muertes infantiles que muchas veces no se idntifica como tal, sino que subyace bajo otro diagnóstico final de causa de muerte. En la Investigación Interamericana de Mortalidad en la Niñez se estableció que la deficiencia nutricional fue el problema más grave que se puso de manifiesto y que su participación como causa básica o asociada estuvo presente en el 57% de las defunciones. Sin embargo, su aparición en los registros habituales como causa final de muerte no refleja su verdadera magnitud. En general se consigna la enfermedad final infección, diarrea, neumonía sin mencionar el peso decisivo que la malnutrición tuvo en la evolución de ese proceso. De allí que resulte inapropiado, al menos en América Latina y el Caribe, tratar de medir su importancia a través de registros de mortalidad. No cabe duda de que gran número de muertes infantiles registradas por otras causas tienen su origen en la malnutrición.
A la inversa, el progreso en la reducción y el control de las enfermedades infecciosas, diarreicas y respiratorias agudas involucra el mejoramiento nutricional de las poblaciones en que se produce ese impacto. Para el control de la malnutrición aún no se dispone de medios confiables, eficientes y de fácil suministro como son, por ejemplo, algunas vacunas o la rehidratación oral. No obstante, sería poco racional un programa de salud en el mundo en desarrollo sin algún esfuerzo por el mejoramiento nutricional. De allí que en la atención primaria de salud estén siempre presentes las acciones de promoción de la nutrición de las mujeres y los niños. Tal vez no se disponga aún de una técnica única y simple para controlar la malnutrición infantil, pero la lactancia materna es una vía efectiva, inocua y económica para garantizar el buen estado de nutrición y proteger contra las infecciones durante el primer año de vida. La promoción de la lactancia materna, la información sobre prácticas de alimentación y otras intervenciones nutricionales cada vez más precisas pueden desempeñar una función importante en la reducción de la mortalidad infantil y preescolar. En la actualidad no existen cifras suficientes para medir los efectos logrados, y se espera que el perfeccionamiento de sistemas de vigilancia epidemiológica nutricional permita contar con los datos necesarios en un futuro próximo.
Se han resumido y analizado datos relativamente recientes sobre mortalidad del niño en los países de las Américas con objeto de actualizar las cifras, delinear las tendencias observadas en los últimos decenios, señalar algunos cambios producidos en la mortalidad infantil y preescolar, y estimar la influencia de algunas acciones y programas de salud sobre esos cambios. Aunque un estudio general de la Región pone de manifiesto considerables progresos en cuanto a cobertura y calidad de los registros, debe reconocerse que aún existen muchas imprecisiones y omisiones, por lo que los datos deben analizarse con cautela y las conclusiones deben formularse con prudencia. En el decenio de 1970 tanto la mortalidad infantil como la preescolar han experimentado reducciones en la mayoría de los países, y el ritmo de las mismas ha sido más rápido que en el decenio anterior. No obstante, persisten grandes diferencias entre subregiones y aun entre países de la misma subregión. Se sabe, además, que dentro de cada país hay variaciones extremas en cuanto a mortalidad infantil, y que en América Latina y el Caribe existen grandes sectores de población en los cuales los niños están expuestos a altos riesgos evitables.
La desigualdad en la distribución de bienes y servicios, consecuencia de las relaciones sociales de producción existentes, constituyen el marco explicativo de la calidad de la vida que soportan los grupos humanos de América Latina y del Caribe donde la mortalidad infantil y preescolar es elevada. Dentro de este marco referencial cabe preguntarse cuál ha sido el alcance de las tecnologías modernas de prevención y tratamiento de enfermedades, en especial las técnicas sistematizadas bajo el concepto de atención primaria de salud. Las modificaciones en la importancia relativa de las diversas causas de muerte, así como el descenso de mortalidad relacionado con técnicas específicas sugieren que la capacidad del sector salud para reducir la mortalidad infantil y preescolar se ha acrecentado. El hecho radica en la existencia de oportunidades reales de aplicar el conocimiento a los sectores de población prioritarios expuestos a riesgos mayores. Si bien no se debe sobrevalorar la capacidad del sector salud, las experiencias llevadas a cabo en varios países de la Región demuestran que es posible realizar intervenciones de salud para reducir la mortalidad del niño. Esto implica una mayor responsabilidad del sector salud, por cuanto si dispone de instrumentos eficaces para reducir la mortalidad infantil su negligencia sería condenable.
Los datos analizados solo permiten una aproximación al problema, pero proporcionan orientaciones válidas para estudios posteriores tales como investigaciones de casos en países que aplican estas tecnologías; estudios de programas que las aplican en zonas geográficas definidas; análisis exhaustivos de las interrelaciones con la evolución de la economía, la distribución del ingreso, el empleo, el comportamiento de la comunidad; evaluación de tecnologías que se puedan aplicar a otras enfermedades que provocan alta mortalidad, como las del período perinatal. El tema reviste importancia para el demógrafo porque el curso futuro de la mortalidad infantil dependerá en gran medida de los avances que se registren para su reducción. Es de interés para el profesional de salud porque a través de la aplicación de estrategias y tecnologías se trata de evitar el dramático contraste que existe entre la riqueza del conocimiento actual y las restricciones en su aplicación equitativa para combatir la enfermedad y la mortalidad. Por último, el equipo de salud y la comunidad toda adquieren un profundo sentido ético en esta lucha.
