
La atención de la salud materno infantil en América Latina tiene connotaciones específicas que responden fundamentalmente a las características biológicas de este grupo, a su elevado porcentaje en el espectro demográfico y a los factores del medio donde transcurre este proceso. De ahí que los programas que atienden a este grupo objetivo tienen plena vigencia, como lo expresan la extensión que demandan en los planes de salud de los países de la Región y la existencia en todos ellos de direcciones nacionales de maternidad e infancia de las que, en general, dependen estos programas. La revisión histórica de los mismos permitiría recoger una experiencia si bien a veces con resultados controvertibles que se traduciría seguramente en la detección de esquemas de trabajo que se han incorporado a la atención de salud materno infantil y que constituyen, en última instancia, una filosofía de acción.
El concepto de riesgo está presente en el quehacer médico desde hace mucho tiempo. En la práctica de la atención materno infantil, hace ya 120 años se identificaron los primeros factores de riesgo en relación con la morbilidad perinatal al establecer la influencia de determinadas condiciones y la historia previa de la madre en la salud mental y psicológica del niño. Por otra parte, en 1919 se señaló la distinta vulnerabilidad del recién nacido de acuerdo con su peso al nacer. Sin embargo, desde hace solo tres decenios se comenzaron a analizar el riesgo a que están sometidos el individuo y las poblaciones a diversas noxas con un enfoque epidemiológico. A ello contribuyó en forma notable el uso de los modernos sistemas de computación que posibilitaron el manejo de datos multivariados y los análisis de regresión. La identificación de los grupos de riesgo significa un aporte altamente estimable para brindar una atención de salud coherente.
Por otra parte, la observación de obstetras y pediatras de las distintas etapas del crecimiento por las que atraviesa el niño desde su concepción señala también períodos que demandan cuidados especiales. Estos cuidados tienen las siguientes características fundamentales:
- Un contenido preventivo, cuyos resultados son rápidamente observables.
- El empleo de una tecnología adecuada de muy bajo costo para el control del estado de salud, detección y tratamiento oportuno de enfermedades.
- Un costo beneficio con alto rédito, difícil de observar en acciones que se llevan a cabo en otros períodos de la vida.
- Un fuerte contenido docente que se transmite tanto a través de sistemas formales como mediante sistemas informales, estos últimos tal vez los más valiosos y menos explotados.
Finalmente, desde su concepción los programas materno infantiles han intentado, si bien con resultados disímiles, que la comunidad participe de alguna manera en ellos. Más aún, cuando las comunidades no han tenido alguna forma de participación activa los programas han sufrido reveses importantes.
Características biológicas y ecológicas de la madre y del niño
Planificar la atención materno infantil requiere un conocimiento previo de las instancias psicosociobiológicas por las que atraviesa el binomio madre niño. Los conocimientos adquiridos en los últimos años, así como la experiencia acumulada permiten establecer ciertas premisas cuya observación favorece una buena atención y cuya instrumentación permite orientar y evaluar las acciones futuras:
- Los procesos de reproducción humana y crecimiento y desarrollo constituyen la constante biológica de la madre y del niño.
Ambos fenómenos biológicos son por esencia dinámicos y se dan en un aquí y ahora, es decir, en un contexto sociocultural y político que debe tenerse en cuenta.
- La reproducción humana representa la culminación de un proceso biopsicosocial en el cual influyen todos los factores ambientales, psicológicos y sociales que han afectado la salud de la madre desde su nacimiento y aun desde su vida prenatal.
La reproducción humana representa un fin y un comienzo. Fin significa que el organismo de la mujer como un todo biológico, psicológico y social debe estar convenientemente preparado para un objetivo: la maternidad; comienzo es asegurar al ser que se está gestando y naciendo las mayores posibilidades de una vida futura acorde con su condición humana. Considerado desde este punto de vista, el proceso reproductivo, así como el crecimiento y desarrollo constituyen un continuo vital donde se define el futuro de las generaciones.
- El proceso de crecimiento y desarrollo no tiene un carácter lineal. Existen períodos de máxima aceleración: crecimiento prenatal, los primeros tres años de vida posnatal, el período de la adolescencia, seguidos de otros que evolucionan con un ritmo más estable.
Este concepto de velocidad de crecimiento implica el reconocimiento de períodos de máxima vulnerabilidad que requieren una atención aún más diferenciada. La atención del estado de nutrición de la madre durante la gestación permite disminuir la incidencia del recién nacido de bajo peso; la aplicación ordenada del calendario de vacunaciones favorece la formación de las respuestas inmunitarias en el momento oportuno; el aporte proteinoenergético en cantidad y calidad adecuadas posibilitan un crecimiento y desarrollo normales; la educación sexual en la adolescencia permite orientar una actividad para la cual el joven aún no está totalmente preparado. Las diferencias en la velocidad de crecimiento suponen mayores requerimientos en ciertos períodos que se manifiestan no solo por la necesidad de un mayor aporte proteinoenergético sino también por la demanda de una atención psicoactiva individualizada que le permita al niño una integración social normal.
- Cada etapa del crecimiento se apoya en las adquisiciones de la fase precedente y provoca un impacto, a su vez, sobre la siguiente.
