
Conocer el significado del término salud re-quiere un profundo entendimiento de los fenómenos biológicos, así como de la anatomía y de las funciones de la maquinaria humana. El estudio de estas disciplinas ha exigido siglos y aún no se ha completado. Si bien se conoce con bastante exactitud la morfología del cuerpo humano, resta mucho por averiguar acerca de los mecanismos fisiológicos que se cumplen en el interior de la célula. En estos años la microscopia electrónica ha permitido conocer la estructura submicroscópica de los tejidos y diferenciaciones celulares; la bioquímica comienza ahora a interiorizarse de los sistemas enzimáticos responsables del fenómeno vida, así como de los distintos mecanismos de correlación humoral y nerviosos que permiten que las funciones humanas se cumplan con armonía. A través de constantes y costosas investigaciones, los científicos logran penetrar en la intimidad del mecanismo del funcionamiento orgánico. Sólo cuan-do se consiga penetrar en lo intrínseco de cada una de las funciones orgánicas podrán ser conocidos en su esencia los mecanismos fisiopatológicos de las enfermedades.
Así, por ejemplo, el conocimiento de la existencia de yodo en la molécula de la hormona tiroidea permite detectar la etiología del bocio endémico en regiones con aguas pobres en yodo; la importancia del hierro y de la vitamina B12 en la síntesis de la molécula de hemoglobina y en la maduración de los glóbulos rojos es tal que su conocimiento favorece la interpretación de las anemias. Los ejemplos son múltiples, pues toda enfermedad se debe a carencias o a la acción nociva que ejercen los agentes patógenos sobre las células. Cada descubrimiento biológico constituye una verdadera «novela” dentro del campo de la medicina; es maravilloso conocer la historia del descubrimiento de las vitaminas o de la insulina, cautivantes capítulos dentro de la historia de la medicina que demuestran la capacidad del hombre para escrudiñar los fenómenos de la vida en su afán por descubrir las causas de las enfermedades. Con un criterio muy ortodoxo podría decirse que “está sano quien no padece enfermedad», con lo que se limitaría el concepto de salud al estado de armonía de las funciones orgánicas, a la ausencia de disfunciones. Salud no significa sola-mente inexistencia de enfermedad, quiere decir funcionamiento normal del organismo, bienestar emocional y mental. La salud es un atributo de la vida, es la resultante de la normalidad de las funciones orgánicas que permite al individuo vivir en plenitud dentro de la sociedad.
Así como el individuo debe cuidar su salud individual, el Estado debe preservar la salud colectiva. Los ministerios de Salud Pública y de Asistencia Social nacionales y provinciales, así como los departamentos municipales de Salud Pública tienen la obligación de mantener el nivel sanitario en condiciones óptimas y de dictar las normas higiénicas imprescindibles para el mantenimiento de la salud de la población. Es tal la importancia adquirida por estos conceptos en la medicina actual, que la epidemiología, la higiene y la salud pública constituyen especialidades médicas de gran jerarquía. Son múltiples los peligros que amenazan la salud; su conocimiento permite prevenir las enfermedades. Pero de nada valdría conocer los agentes patógenos si se ignoraran las estructuras sobre las que actúan y cómo las modifican. Por esa razón el fundamento de la salud debe basarse en el conocimiento de esa maravillosa maquinaria que es el cuerpo humano.
Los Medicamentos
Medicamento es toda sustancia capaz de prevenir, mejorar o curar enfermedades. Se elabora con drogas, sustancias simples o complejas, portadoras de principios activos, que se obtienen de animales (enzimas, hormonas), vegetales (digital, opio) o minerales (sustancias químicas). Los medicamentos se emplean al estado natural, o bien previo proceso de extracción y purificación. Actualmente, la investigación farmacológica facilita la síntesis de nuevos fármacos, con lo que se acrecienta el arsenal terapéutico. Los consagrados como eficaces se codifican, inscribiéndolos en un libro oficial llamado Farmacopea o Codex Medicamentarium, donde consta su origen, preparación, identificación, pureza, dosis máxima y tóxica, etcétera. Los medicamentos se clasifican en: Oficinales. Los inscritos en la farmacopea.
Magistrales. Los que prepara el farmacéutico de acuerdo con las normas de la farmacopea y según las indicaciones precisadas por el médico en la receta. Especialidades farmacéuticas. Son medicamentos de fórmula declarada y de acción terapéutica comprobada, producidos por los laboratorios e identificados por un nombre comercial. Cada medicamento tiene un efecto específico que varía según la dosis, la vía de administración, la facilidad con que se absorbe y se elimina, las transformaciones que sufre en el cuerpo, su poder tóxico y su mecanismo de acción, que en muchos casos está relacionado con su composición química. Los medicamentos actúan sobre las estructuras, el metabolismo o las funciones de las células. En contraposición a la farmacología, que es la ciencia que estudia las drogas, la terapéutica es el arte de aplicar los medicamentos y otros medios para el tratamiento de las enfermedades. El médico adquiere científicamente el conocimiento de la acción de los distintos fármacos sobre el hombre y aplica dicho conocimiento a un individuo determinado, para lo que se requiere un profundo trabajo de síntesis, pues cada persona presenta un tipo particular de enfermedad.
