
Las fuerzas sociales presentes en el ambiente y los profundos cambios psicológicos que se suceden en esa importante etapa vital tienen una gran influencia en la salud y el bienestar de los adolescentes. Durante esos años la persona define su identidad sexual, asume papeles sociales precisos y en una proporción alta en los países en desarrollo, se incorpora al mercado de trabajo. Los problemas de salud del adolescente no corresponden en sentido estricto al ámbito de los programas de salud materno infantil. Sin embargo, en la mayoría de los países los servicios de salud para los adolescentes están en una fase embrionaria y una gran parte de estos servicios los brindan pediatras, médicos generales y otros trabajadores de salud proveedores de cuidados primarios. De allí que se mencionarán algunos puntos de interés en relación con la salud del adolescente, aunque de manera sucinta.
La adolescencia es una época de exploraciones y descubrimientos, cuando el ser se encuentra con la propia sexualidad, atisba lo que puede ser la autonomía del núcleo familiar y sufre una conmoción existencial que lo lleva a examinar su relación con el mundo y a indagar los fundamentos del orden de valores que rigen la sociedad. Los patrones de conducta que gobiernan la vida del adolescente se caracterizan por la turbulencia emocional, la experimentación con el medio físico y social y con la propia persona. El comportamiento del adolescente en esta etapa de «‘estreno del mundo” lo puede llevar a situaciones peligrosas para la salud y comprometedoras de su futuro, pero que al mismo tiempo sirven de mecanismo de adaptación que lo preparan para el papel de adulto. La actitud de desdén frente al riesgo prevalente en los jóvenes se traduce en elevadas tasas de mortalidad. Las muertes violentas en el grupo de 15 a 24 años de edad se encuentran entre las cinco principales causas de muerte en los países de América. En algunos países hay un predominio de homicidios como consecuencia de los graves problemas sociopolíticos de la región bien las muertes por accidentes, particularmente por accidentes viales son comunes a todos los países y reflejan la actitud de osadía que predomina en este grupo de edad. Por otra parte, la alta proporción de suicidios entre adolescentes, presente en la mayoría de los países, señala los profundos problemas emocionales que los conmueven. La revolución sexual que afecta al mundo tiene un impacto singular sobre la juventud. En la actualidad las relaciones sexuales se inician en edades más tempranas y suceden en forma más frecuente; y la frecuencia de embarazos, abortos y enfermedades venéreas entre los jóvenes ha experimentado un aumento. Existe una actitud de renuencia a utilizar los servicios médicos por parte de los jóvenes, que se traduce, por ejemplo, en rechazo de los métodos de control de la natalidad, descuido de la propia salud y falta de interés en acogerse a los beneficios de la medicina oficial.
El hábito de fumar cigarrillos, el consumo de bebidas alcohólicas y el uso indebido de sustancias que alteran la mente, cuyos ensayos iniciales se realizan generalmente en los primeros años de la adolescencia, constituyen prácticas peligrosas para la salud. Se observa una tendencia al aumento en la frecuencia de estos comportamientos en la población joven, sobre todo en la urbana. En el caso del hábito de fumar este aumento es notable entre las jóvenes, lo que unido al aumento de los embarazos, constituye una situación de potenciación de riesgos. Numerosas fuerzas entran en juego en la iniciación de estos comportamientos. Por una parte, está la curiosidad natural de los jóvenes de explorar situaciones nuevas, prometedoras de placer. Por otro lado, actúa en forma determinante la presión del grupo que de una manera contundente induce al joven recién admitido a adoptar prácticas sancionadas internamente como requisito para obtener «carta de ciudadanía’. La labor proselitista de algunos usuarios en situación de dependencia y el deseo del adolescente de expresar sus sentimientos de rebeldía y gozar de lo prohibido son otros factores en juego. El perfil psicológico del individuo, su grado de madurez y su decisión de reafirmar su individualidad frente a las presiones externas son factores de peso que representan, junto con los relativos al medio familiar, los elementos determinantes de su vulnerabilidad o resistencia.
La capacitación de los trabajadores primarios de salud en el manejo de los factores psicosociales que afectan la salud de la madre, del niño y del adolescente es una tarea insoslayable para el sistema de servicios de salud. Si bien algunos médicos y enfermeras reconocen la importancia de esos factores e incluso intentan asistir al paciente en situaciones de crisis o proponer cambios en aquellos estilos de vida que sean un riesgo evidente para la salud, la mayoría de las veces sus habilidades no están a la altura de sus intenciones. Es evidente que gran parte de los trabajadores primarios de la salud, preocupados por la carga inmensa que significa el tratamiento de un número considerable de personas, apenas si tienen tiempo o la disposición para pensar más allá de lo que corresponde al modelo estrictamente biológico de la clínica médica tradicional.
Los programas de capacitación del trabajador primario de salud debieran incluir el análisis de los factores psicosociales más relevantes con respecto al medio donde le corresponda trabajar, así como el desarrollo de técnicas y habilidades que le permitan intervenir en este campo, tanto en sus actividades asistenciales como en las de prevención y promoción. Una capacitación adecuada en la técnica de la entrevista puede ayudar a identificar situaciones, hábitos, actitudes y creencias que en el caso particular de un paciente puede ser de gran importancia para el diagnóstico y manejo apropiado de su enfermedad. Problemas tales como los relativos al ajuste conyugal, la ausencia de uno de los padres en el hogar, el trabajo de la mujer, el bajo rendimiento y la deserción escolar, el abuso del alcohol, del tabaco y de otras drogas, debieran entre otros aspectos ser explorados con cierto detalle y consignados en los registros como parte de la historia social. Los sentimientos de soledad y abandono, los cuadros depresivos y ansiosos, los rasgos de la personalidad agresiva orientada hacia la competencia constante, los temores en relación con el embarazo y el parto, la actitud respecto al cumplimiento de tratamientos y medidas profilácticas, debieran formar parte de los aspectos psicológicos de la evaluación del paciente. No se pretende que el trabajador de salud recite una letanía de preguntas para llenar un cuestionario o cumplir con una pauta. Es preciso que en su capacitación se haya logrado cambiar la perspectiva desde la que asiste al paciente y su familia de tal manera que estos factores sean considerados en su real importancia e incorporados en la práctica.
