Hasta fines del siglo xix el médico únicamente contaba con el empleo de sus sentidos para el diagnóstico de las enfermedades. Como las posibilidades del uso de la cirugía y el conocimiento de los medicamentos era precario, sólo podía limitar su acción al precepto hipocrático “curar a veces, aliviar frecuentemente y consolar siempre». A partir del descubrimiento de los rayos X, que permitieron conocer la anatomía y la patología de los órganos, y del galvanómetro de cuerda, origen del electrocardiógrafo que detecta los trastornos cardíacos, la medicina entra en la etapa técnica. A esto se debe agregar el aporte de las ciencias físico químicas a la biología. Las adquisiciones teóricas y prácticas, y el incesante perfeccionamiento de la técnica experimental originaron la biofísica y la bioquímica que permiten conocer los fenómenos vitales, investigarlos con el rigor empleado en las ciencias exactas, analizando la vida en sus aspectos físicos y químicos. Estas investigaciones pusieron al alcance del médico gran cantidad de pruebas y reacciones para el diagnóstico de las alteraciones funcionales. Tan extraordinario es lo avanzado en el campo de la bioquímica y la biofísica, que en Ia actualidad cualquier laboratorio de análisis bioquímicos bien montado no sólo es capaz de estudiar las características físicas y químicas de Ia orina y de la sangre, sino de efectuar un conjunto de pruebas de importancia capital para el diagnóstico diferencial de las enfermedades. En determinados centros incluso se puede llegar a conocer la estructura genética de las células, la constitución química de las hemoglobinas patológicas, la actividad eléctrica del cerebro, las presiones intracardíacas, etcétera.

El acto médico, estricta relación médico paciente, es reemplazado por el enfrentamiento del enfermo con un sistema organizado que despersonaliza al individuo y lo convierte en “el caso” o sólo en un número de registro, ignorando el enfermo el nombre de los médicos que lo asisten, y a veces hasta su existencia, dada Ia estructura y organización de los grandes centros asistenciales. Esta evolución técnica, como lógica consecuencia, olvida que más allá de la enfermedad se encuentra la persona humana, que busca seguridad, apoyo y comprensión. Tal deshumanización y despersonalización del acto médico llevó a la creación de un movimiento intelectual, que nació con el fisiopatólogo Ludolf von Krehl (1861-1937), quien frente a la tecnocratización y al cientificismo afirmó la tesis de que la medicina es una artesanía del hombre y para el hombre. Para Von Krehl y sus continuadores, el médico constituye, con el enfermo, una unidad existencial incapaz de ser reemplazada por el enfrentamiento del enfermo a la frialdad de exámenes y pruebas funcionales.

Este movimiento neo hipocrático, que sitúa al enfermo como centro del hecho médico, es sumamente importante si se piensa en las modificaciones previsibles que experimentarán las ciencias biológicas en los próximos cien años, tales como el uso de aparatos electrónicos con transistores para reemplazar órganos, duplicidad del tiempo medio de vida, desaparición de las enfermedades provocadas por agentes biológicos, control de Ias enfermedades de origen genético, anulación y curación de los tumores malignos y de las enfermedades degenerativas, y empleo de máquinas para el diagnóstico automático. A pesar de la organización técnica de la medicina y de los cambios que experimentarán el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades, el médico, como integrante de unidades médicas deberá recapacitar sobre su postura frente al hombre enfermo, ya que adquirirá grandes poderes sobre las enfermedades y, en consecuencia, sobre la vida, lo cual le obligará a forjarse un sentido muy estricto de la moral y responsabilidad frente al individuo, basado en desempeñar su arte con conciencia y dignidad; hacer de la salud y de la vida de los enfermos la primera de sus preocupaciones; mantener el honor y las tradiciones de la profesión médica; no permitir que entre el deber y el enfermo se interpongan consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, de partido o de clase; tener absoluto respeto por la vida humana desde el momento de su concepción; no utilizar ni siquiera bajo amenaza los conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad, y consagrar la vida al servicio del hombre, tal como establece el juramento hipocrático, máxima invocación ética de los médicos. 

Radiaciones lonizantes

A partir del descubrimiento de los rayos X por Röntgen, en 1895, y del radio por los esposos Curie, en 1898, comienzan a utilizarse las radiaciones ionizantes con fines terapéuticos. Estas radiaciones son capaces de atravesar los tejidos y actuar en profundidad, provocando un efecto regulador, o resolutivo, sobre los procesos inflamatorios, o un efecto destructor en las células de determinados órganos y en las células tumorales. El efecto biológico de estas radiaciones, cualesquiera sean su energía y su fuente, resulta de la combinación de tres efectos distintos: directo, indirecto y constitucional. La desintegración de un núcleo atómico por Hahn, en 1939, permitió la obtención de radioisótopos artificiales, como los Co60, Cs137, P32, Au198, Mn54, Y1s1, etcétera. Existe un constante esfuerzo para obtener nuevos elementos que concentren su actividad sobre determinadas células, es decir, que tengan un efecto específico.

La Psicoterapia

A partir del siglo xx, con los aportes de Freud al conocimiento de los procesos psíquicos, comenzó a utilizarse la psicoterapia como método terapéutico. Los procedimientos psicológicos son, de acuerdo con Seguín:

  1. La relación emocional. A lo largo del “acto médico” se establece una relación entre el enfermo y el médico. El enfermo busca ayuda, trata de que el médico lo libere de la “angustia” de su enfermedad. Ve en el profesional al protector, lo que permite que éste utilice tal relación con fines terapéuticos.
  2. La catarsis. Es el proceso de descargar una emoción o vivencia reprimida, reviviéndola en palabras, emociones o acciones. Esto provoca en el enfermo un descenso de la tensión psicológica, estableciéndose una vinculación afectiva con el individuo en quien se confía. Al descubrir que alguien se preocupa de sus problemas, el enfermo adquiere confianza en sí mismo y comienza a objetivarlos.
  3. La comprehensión. Al hablar, el enfermo aclara el significado de las cosas, estableciendo relaciones entre fenómenos psicológicos antes no relacionados. Brotan así a la conciencia los contenidos psíquicos inconscientes, lo que permite que el enfermo conecte y vincule hechos psicológicos.
  4. La translaboración. El término significa “trabajar a través de algo». Es el uso continuo y repetido de los otros tres métodos, en diversos momentos y desde puntos de vista distintos, a fin de producir nuevas vivencias y resolver los problemas del paciente.

 

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