Nutrición materna y crecimiento fetal. 

 

Durante el embarazo se operan modificaciones importantes en la madre, complementadas por la función hormonal de la placenta, las cuales contribuyen a que el feto pueda satisfacer sus necesidades nutricionales para su normal crecimiento con relativa independencia de la dieta materna. Sin embargo, cuando la ingesta es muy insuficiente durante el embarazo, como ocurre en las poblaciones de bajo nivel socioeconómico (áreas rurales y marginales urbanas), el resultado final es el peso bajo o deficiente al nacer, inclusive acompañado de terminación prematura del embarazo, en especial en presencia de anemia nutricional. Dicho resultado se agrava por influencias no nutricionales, pero por lo general asociadas a la pobreza, como elevadas tasas globales de fecundidad; frecuente asociación de infección crónica en la madre (principalmente infección urinaria); secuelas de desnutrición crónica en la niñez de la madre (baja estatura); poca disponibilidad y falta de accesibilidad a servicios de salud, y exceso de actividad física por labores pesadas.

La incidencia elevada del peso bajo y del peso deficiente al nacerán América Latina pasan a tener entonces una estrecha relación con la desnutrición. El ciclo vicioso de desnutrición materna → bajo peso al nacer→desnutrición en la niñez→fertilidad no controlada→desnutrición materna, se cierra con la ayuda de los demás factores que también integran la constelación multifactorial característica de la pobreza crítica. Con él se cierra o se limita en forma notoria la probabilidad de un nivel aceptable de la calidad de vida. El peso insuficiente (2 5013 000 g), poco valorado en las estadísticas sobre peso al nacer, puede alcanzar proporciones de hasta dos veces mayor en ciertas áreas desfavorecidas de América Latina comparadas con áreas con buen desarrollo social y económico. La proporción de nacidos vivos con pesos deficientes podría considerarse como un indicador de nutrición materna en las comunidades. Nuevamente, teniendo en cuenta que los problemas de salud casi siempre están asociados como lo están los factores que favorecen su presencia, las deficiencias de vitalidad o físicas en el crecimiento fetal o en el niño al nacer producen efectos posteriores. La gravedad reside en el hecho de que los factores maternos, familiares y comunitarios que condujeron a tales deficiencias (desnutrición y otros) persisten en la madre y en el ambiente familiar después del nacimiento del niño. Esa misma constelación de factores desfavorables cuando actúan sobre un ser ya disminuido biológicamente produce efectos potenciados.

Nutrición materna y desarrollo del niño. Si bien cl buen estado nutricional de la madre no garantiza el normal desarrollo del niño, la mala nutrición de origen primario sí acompaña con frecuencia a trastornos en su desarrollo. Tres factores principales actúan sobre la relación estado nutricional materno y desarrollo del niño: a) el efecto de la desnutrición materna sobre el peso y la vitalidad del niño al nacer; b) el efecto de la desnutrición sobre la capacidad de la madre para lactar a su hijo, y c) además de la desnutrición materna, el efecto de todos los factores negativos (biológicos, sociales y ecológicos) en las esferas de acción de la familia, factores que continúan existiendo en las etapas posteriores.

Los efectos acumulativos de ciclos consecutivos de reproducción en áreas socialmente de privadas, pueden provocar una verdadera depleción progresiva con pérdida de peso y envejecimiento prematuro de las madres. En esas condiciones son muy limitadas las posibilidades de las madres de lactar, de cuidar a los niños en su salud física y de estimular su desarrollo. 

Cuanto menos nutrida esté una madre, mayor debería ser el período de descanso intergenésico. Como es de conocimiento universal, la leche materna es el mejor alimento para el niño en su edad temprana. Su importancia trasciende los aspectos nutricionales e incluye los inmunológicos y su inigualable valor para consolidar los vínculos afectivos entre madre e hijo y para estimular el desarrollo desde el momento de nacer. Dicho esto, es fácil entender que hay que adjudicar la misma importancia a la nutrición de la mujer que lacta y al estado nutricional del recién nacido. Por imponer la lactancia requerimientos nutricionales mayores, esta debe promoverse junto con medidas que garanticen una mejor salud y nutrición de la mujer. Las modificaciones de la actividad productiva de la mujer y los cambios en la alimentación natural del niño (disminución de la lactancia) tienen lugar en la situación moderna del medio urbano y periurbano, que es donde aumentan las necesidades económicas y donde adquiere importancia la mujer como elemento fundamental o secundario de producción. La movilidad física, la flexibilidad del empleo y la implantación de leyes de protección a la madre y al niño son primordiales para la función nutricia de la mujer y la salud del niño. En conclusión, es esencial que los sectores de la economía promuevan programas de expansión de la producción de alimentos y mayor disponibilidad de estos, y que los servicios de salud intensifiquen actividades continuas en el campo de prevención de infecciones, de nutrición, de educación y de regulación de la fertilidad. Todos estos programas, orientados a mejorar la nutrición materna y su capacidad de alimentar a sus hijos, son realmente inversiones en calidad humana, clave del desarrollo social.

 

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