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A medida que los hijos crecen y salen de su familia original para contribuir a la creación de otros núcleos familiares, llevan consigo un acervo genético y cultural enriquecido o modificado por todas las vivencias y por esa dinámica familiar, o por el desempeño que su familia original tuvo en las esferas de acción. Comienza así un nuevo ciclo que introduce en el concepto de familia una dimensión trascendental. De hecho, las influencias positivas o negativas se potencian de generación en generación, lo cual mejora o empeora la calidad de vida de futuras familias y sociedades. El modelo de sistema familiar descrito es válido en un alto porcentaje de las familias latinoamericanas. Con todo, existen numerosas variedades de estructuras, dentro de las cuales pueden encontrarse la familia extendida, sobre todo en ciertas áreas rurales y en algunas culturas que han logrado mantener este tipo de composición en la mayor parte de los núcleos familiares. En el otro extremo, en especial en las áreas marginales de grandes ciudades, existe un numeroso y creciente grupo de familias incompletas en las cuales por lo general la madre lleva toda la responsabilidad del núcleo familiar por ausencia del cónyuge.
Por otra parte, la dinámica familiar está sufriendo profundos cambios en los últimos tiempos, debido a factores entre los cuales cabe mencionar:
- a) La intensa migración hacia centros urbanos grandes, a partir de otros menores o del medio rural. La familia sufre choques culturales y sociales y transcurre un período de transición de por lo menos una generación hasta que alcanza la consolidación de un nuevo estilo de vida con valores y productos diferentes. Esta transición se acompaña de graves problemas, así como de profundos cambios en la estructura, funcionamiento y potencial genético de las nuevas familias.
- b) El fuerte componente o fenómeno de transculturación con transferencia de hábitos, estilos y valores culturales muy diferentes a causa de la facilidad y eficiencia de las comunicaciones. Los efectos no son necesariamente favorables debido a los choques culturales y a la falta de preparación para los cambios.
- c) La precocidad del proceso de socialización extra familiar. El niño inicia el contacto con otros niños semejantes en ambientes formales (jardines de infancia) desde edades muy tempranas (2 a 3 años) lo cual es un excelente estímulo para su desarrollo psicomotor y una oportunidad para compartir experiencias que contribuyen a su madurez afectiva. Esto es cierto especialmente en estratos sociales medios y altos en el medio urbano.
- d) La historia familiar parece que se acorta cada vez más, ya que hay una precoz independencia de los hijos, bien sea del punto de vista social o del físico. El tiempo que permanecen los hijos y los padres juntos dentro del hogar es cada vez más breve.
- e) La creciente tendencia a la disolución del vínculo conyugal que trae aparejadas graves consecuencias para los hijos en todas las esferas y procesos que conforman la dinámica familiar normal.
- f) La creciente participación de la mujer en la fuerza laboral sin que se establezcan mecanismos de compensación y de apoyo. La mujer tiene que asumir la triple carga de procrear, cuidar de los hijos y del cónyuge, y contribuir al ingreso familiar con una ayuda de servicios cada vez menor y sin adecuada distribución de funciones intrafamiliares. La misión importantísima que desempeña la mujer de nuclear y encauzar la esfera afectiva puede debilitarse y tener consecuencias sobre los procesos descritos.
- g) Las crecientes presiones económicas a que se ve sometida la mayoría de las familias dada la mala distribución de bienes, de capitales y del producto interno por habitante, dada la espiral inflacionaria que caracteriza a las economías latinoamericanas, y dados los niveles críticos de desempleo y subempleo; esto último está considerado como una de las mayores agresiones contra la familia en los tiempos modernos.
Los factores mencionados y tal vez otros más producen un impacto variable en intensidad y grado sobre la familia. El saldo es también variable y es difícil e impropio generalizar. La salud y la eficiencia familiares para cumplir bien sus funciones y objetivos deben considerarse como el resultado de todas las características, de sus cambios en el tiempo y el espacio, y de la constante y dinámica influencia de factores sociales, biológicos y ecológicos del medio donde se desarrollan los grupos familiares.
Lo dicho hasta ahora en relación con la dinámica familiar, las esferas de acción y los procesos e interrelaciones de todos estos fenómenos no se cumple de manera independiente, ya que las familias reciben permanentemente el efecto de sistemas a los que pertenecen, en los que viven y a los que también modifican. En términos generales la salud de individuos, familias y sociedades puede concebirse como corolario de tres grandes sistemas que interactúan entre sí y que, a su vez, reciben las influencias de individuos, familias y sociedades.
Estos sistemas son el biológico, el social (incluye el subsistema de servicios dc salud) y el ecológico. Como todos ellos son extremadamente complejos y cambiantes sus interrelaciones también lo son. En consecuencia, también cambian en el tiempo y en el espacio las influencias que ejercen sobre las personas y familias y las que reciben de ambas. Los trastornos o desvíos de los procesos reproducción, crecimiento, desarrollo, socialización, maduración y envejecimiento que se producen por factores derivados de los sistemas biológico, social y ecológico y de sus interrelaciones o interacciones, producen efectos que pueden catalogarse en dos grandes categorías:
- a) Pérdidas biológicas, representadas por defunciones intrauterinas (fetales) o defunciones extemporáneas en la vida extrauterina, así como por enfermedades y secuelas físicas.
- b) Pérdidas psicosociales que consisten en desvíos de la salud mental y de los procesos de desarrollo, socialización y maduración.
Todos estos efectos o desvíos constituyen pruebas de una eficiencia familiar disminuida, cuyas causas o factores pueden encontrarse en las características de los sistemas indicados.
Para obtener una idea de la magnitud del impacto que pueden tener ciertos factores sobre las condiciones de salud y bienestar de las familias en los contextos de América Latina y del Caribe, conviene revisar algunos datos demográficos y observar algunas diferencias regionales.
