
La verdadera revolución en el campo de la cirugía comienza con dos descubrimientos decisivos: la asepsia y antisepsia, y la anestesia. Debe recordarse que en la época en que los cirujanos ignoraban la naturaleza y la profilaxis de las infecciones, era imposible practicar una incisión sin el riesgo de una infección. Con Lister comienza la etapa de protección contra las bacterias; con Pasteur, el conocimiento del papel patógeno de los distintos microorganismos. En 1846empieza a utilizarse en Estados Unidos el éter, creándose la anestesia quirúrgica, uno de los descubrimientos más importantes de la medicina contemporánea. Con estos dos progresos comienza la etapa de desarrollo de nuevas técnicas quirúrgicas, de equipos y dispositivos para facilitar las operaciones. A pesar de los pronósticos de un retroceso de la cirugía, ésta, día a día, invade nuevos terrenos, llegando su técnica a una perfección nunca alcanzada.
La cirugía requiere la permanente colaboración del cirujano, del clínico, del patólogo y aun de otros especialistas. Esta colaboración entre médicos dedicados a distintas disciplinas del saber médico constituye el mayor adelanto de la cirugía actual. A ello se debe agregar la necesidad de precisar la urgencia de la intervención y el momento en que debe efectuarse. En general las intervenciones se dividen en urgentes y no urgentes. Se entiende por urgencia la necesidad de efectuar la intervención quirúrgica sin dilaciones, pues éstas pueden condicionar un empeoramiento del enfermo; tal ocurre con el llamado abdomen agudo, cuadro abdominal serio caracterizado por dolores abdominales, alteración del estado general, vómitos, náuseas, trastornos digestivos, etc., motivado por apendicitis, perforación en la cavidad peritoneal de una úlcera gástrica o duodenal, oclusión intestinal, invaginación del intestino, hernia estrangulada, embarazo ectópico o traumatismo intestinal.
El estudio del paciente en esta emergencia no permite precisar la naturaleza del cuadro. Lo importante es demostrar que se está frente a un abdomen agudo, que no acepta una actitud expectante, pues la vida depende de que se practique una intervención quirúrgica. Se puede enunciar la regla general de que la mayoría de los dolores abdominales fuertes que se presentan en personas que antes se hallaban bien y que duran hasta seis horas, están producidos por enfermedades que requieren tratamiento quirúrgico. Cuando las condiciones lo permiten, por no tratarse de un cuadro agudo, el estudio preoperatorio del enfermo precisa el momento y la oportunidad de la intervención. Las investigaciones anatomopatológico y bacteriológicas, el estudio del estado clínico del paciente, el uso de la endoscopia para el examen de esófago, estómago, bronquios, recto, uretra, vejiga, uréteres, etc.; el empleo de los rayos X, que permiten precisar las características anatómicas de las lesiones y el uso de pruebas funcionales, no sólo hacen posible diagnosticar con seguridad la naturaleza del proceso mórbido, sino poner al paciente en las mejores condiciones para afrontar la intervención, que por leve que sea siempre implica un riesgo.
Las nuevas técnicas quirúrgicas han reducido la mortalidad intraoperatoria, no sólo por los avances en el campo de la anestesiología, sino también por el extraordinario perfeccionamiento a que ha llegado el arte quirúrgico. De este modo se ha logrado la operación radical para el carcinoma del recto, los injertos óseos, la extirpación de tumores intracraneales, la toracoplastia en la tuberculosis pulmonar, la neumonectomía en los tumores pulmonares, la cirugía del estómago y del intestino para las úlceras y tumores digestivos, la colecistectomía cuando hay cálculos vesiculares, etcétera. Uno de los caminos más importantes que ha seguido la cirugía contemporánea es el que conduce al tratamiento de los tumores malignos. El del cáncer se puede efectuar de varias maneras, por medio de radiaciones ionizantes, por acción de drogas antitumorales, que alteran el metabolismo de las células tumorales, o por medio de la cirugía. Si bien se cifran las esperanzas en el descubrimiento de drogas antitumorales activas, en la actualidad sigue siendo la cirugía uno de los tratamientos de elección para los tumores malignos, y cuando la indicación quirúrgica se efectúa con precisión, en muchos casos se logran largas sobrevidas posoperatorias.
La cirugía no es un acto médico realizado exclusivamente por el cirujano. En una operación, por insignificante que sea, interviene un equipo, en el que cada uno de los integrantes tiene una función específica. El equipo lo forman el cirujano, los ayudantes, la instrumentadora, el anestesista, el hemoterapeuta y el especialista en medio interno. Las nuevas técnicas anestésicas permiten que el cirujano pueda operar en condiciones especiales, siendo posible regular a voluntad los procesos vitales. Los bancos de sangre permiten disponer de sangre y plasma para restituir la normalidad sanguínea. Hoy es factible penetrar en el corazón vivo para conseguir mejorar malformaciones congénitas o alteraciones adquiridas. Esto, en parte, ha sido posible porque se puede trabajar con circulación extra corporal, reemplazando por cortos períodos la función bombeadora del corazón. Otro aparato importante es el riñón artificial, que extrae los catabolitos y purifica la sangre. Actualmente puede efectuarse la cirugía de reemplazo, en la que se sustituyen ciertos órganos, fragmentos de hueso, arterias, venas, etcétera. A veces son reemplazados por plásticos. El trasplante de córnea se efectúa casi diariamente.
