Dentro de la muestra nacional se tomó al azar una su muestra del 10% de los niños incluidos en aquella para realizar una radiografía de la mano izquierda. En total se obtuvo un mínimo de 100 radiografías para cada sexo y cada año de edad, las que sumaron un total aproximado de 5 000. Un mismo observador las evaluó empleando el sistema de Tanner Whitehouse. En la actualidad se dispone de las normas de maduración ósea con sus respectivas curvas de percentiles.

Las curvas y tablas cubanas de crecimiento y desarrollo se han introducido progresivamente en la práctica pediátrica en diferentes niveles del sistema nacional de salud. Todos los niños que se encuentren por debajo del percentil 10 y por encima del percentil 90 para las normas de peso según la talla y talla según la edad deben ser examinados con cuidado por el pediatra. Este requisito tiene por base el hecho de que son atípicos para la norma de la población, aunque no necesariamente anormales, y se aplica en ellos el criterio de riesgo. Del mismo modo, cuando en el seguimiento periódico de un niño se advierta un desvío inesperado dentro de su canal de crecimiento, habrá que investigar las causas.

Las normas o patrones de crecimiento a menudo se utilizan como si representaran datos biomédicos de referencia óptimos, por eso es necesario llamar la atención a los pediatras, médicos generales y enfermeras en el sentido de que las curvas de crecimiento deben emplearse solamente como una prueba de localización de casos y que para hacer un diagnóstico definitivo del estado de salud del niño es preciso realizar un examen clínico detenido. La evaluación de cada caso debe basarse no solo en diagramas del crecimiento, sino que es necesario más información: curso del crecimiento en exámenes repetidos, tener en cuenta la estatura de ambos padres, precisar si el niño fue pequeño en la fecha de nacimiento, etc. Una observación aislada es a menudo insuficiente para el diagnóstico definitivo. Por otra parte, durante la adolescencia el crecimiento de un individuo no sigue la curva basada en un estudio transversal. Los adolescentes que maduran temprano sexualmente ascienden de manera brusca en la talla del percentil que venían siguiendo, mientras que los que maduran tardíamente van descendiendo y pasan de manera progresiva a un canal inferior para después ascender y colocarse en su canal inicial o superior. Estos hechos biológicos con sus variaciones normales deben ser conocidos por los propios pacientes, padres, condiscípulos y maestros y no deben causar preocupaciones innecesarias. Es en estas circunstancias que las normas de desarrollo sexual y la maduración ósea son muy útiles, pues permiten afirmar que esta situación es en realidad transitoria y solo una variante del desarrollo normal. Esta información resulta de gran utilidad para su aplicación al sistema escolar y a la práctica colectiva de deportes, donde los niños debían quizás separarse en categorías que tuvieran en cuenta no solo la edad cronológica sino la edad biológica o edad de maduración.

Después de una cuidadosa evaluación y pruebas en diferentes zonas del país, las normas de crecimiento y desarrollo de Cuba se han incorporado al sistema nacional de salud para su aplicación a la atención primaria y se han constituido en uno de los factores que definen el concepto de riesgo en la atención pediátrica. Como se ha comprobado que aproximadamente el 50% de la población cubana es de ancestro africano, es probable que los datos presentados puedan ser útiles a poblaciones con rasgos genéticos similares. Los estudios de crecimiento y desarrollo de una población han mostrado su valor no solo como indicadores de salud de los individuos que la componen, sino que, al mismo tiempo, brindan una información importante en relación con los factores del medio ambiente que pueden incidir de manera desfavorable en distintos grupos de población con similar material genético. Cabe destacar que también tienen aplicación en distintas ramas de la economía tales como diseño industrial, y producción de bienes, tales como mobiliario, vestuario, calzado, etc. En 1982 se repitió la encuesta, exactamente 10 años después de la primera. En este segundo estudio se registraron las mismas dimensiones antropométricas para compararlas con el estudio anterior y otras adicionales para ser aplicadas a la composición corporal y el somato tipo. Además, a los niños menores de seis años se les aplicó la prueba de Denver; en los mayores de 3,5 años se estudió el rendimiento motor mediante distintas pruebas (carrera, salto largo, alto, etc.) y la capacidad funcional utilizando el steptest y el ergómetro de bicicleta. En la actualidad se está procesando esta información. La comparación de los datos de las dos encuestas, con un intervalo de 10años, brindará una información de extraordinario valor sobre salud y desarrollo. Dejaremos de medir enfermedad y mortalidad solamente para dedicarnos también a medir salud.

 

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