22, Dic 2025
Tecnología solidaria de salud para adultos mayores vulnerables

La brecha digital se agudiza en sectores como la atención en salud suele ser escasa. Un punteo de las mejoras puestas en marcha. 

 

En un presente en el que la tecnología avanza a un rápido ritmo, la digitalización de la salud proyecta la capacidad de mejorar diagnósticos, optimizar tratamientos y ampliar el acceso a servicios médicos. Pero para millones de adultos mayores en contextos de vulnerabilidad, estas soluciones siguen siendo inaccesibles.

El analfabetismo digital, atravesado por falencias económicas, educativas y cognitivas, potencia las desigualdades preexistentes y deja fuera del sistema de salud a quienes más lo necesitan. Ante este escenario, iniciativas privadas y solidarias dejan en evidencia que la innovación tecnológica también puede ser inclusiva, empática y transformadora.

La mejora en la salud pública no siempre se desarrolla a través de políticas públicas, sino que en zonas desatendidas y vulnerables, organizaciones sociales, fundaciones filantrópicas y emprendedores de impacto están desarrollando aplicaciones de salud diseñadas específicamente para personas mayores con bajo o nulo manejo digital, priorizando la usabilidad, el acompañamiento humano y la adaptación cultural. 

Estas herramientas no buscan reemplazar al sistema sanitario, sino complementarlo, acercando servicios esenciales a quienes  lo necesitan y son dejados al margen de las respuestas. 

El analfabetismo digital en la vejez, de la falencia a la iniciativa

Según estadísticas de diversos organismos internacionales, una parte importante de la población mayor de 60 años nunca uso un dispositivo smartphone o lo hace con gran dificultad, siendo que muchos de se encuentran en situación de pobreza y  el acceso a internet es intermitente o inexistente, y el miedo a “romper” el dispositivo genera rechazo hacia la tecnología.

Esta brecha digital en la actualidad tiene un resultado directo en la salud, ya que no tienen acceso a turnos médicos online, recordatorios de medicación que no llegan y aplicaciones complejas que excluyen en lugar de integrar, siendo herramientas que se usan con más frecuencia. 

En este escenario, las aplicaciones tradicionales de salud, que fueron pensadas para usuarios jóvenes, alfabetizados digitalmente y con conectividad estable,  resultan inútiles para cierta parte de la población debido a que  se está frente a un diseño inadecuado teniendo en cuenta para quién se diseña, de allí una nueva propuesta. 

Las aplicaciones de salud adaptadas al analfabetismo digital tiene un eje trascendental como es que es la tecnología la que debe ajustarse a las personas, y no al revés, por lo que se buscan desarrollar apps con interfaces simples, iconografía clara, uso mínimo de texto, colores contrastantes y navegación intuitiva. Además, muchas incorporan comandos de voz, audios explicativos en lenguaje cotidiano y botones grandes que reducen el margen de error.

Algunas plataformas eliminan por completo la necesidad de leer o escribir, por lo que a través de imágenes, sonidos y alertas visuales, los usuarios pueden confirmar la toma de medicamentos, solicitar ayuda médica básica o recibir recordatorios de controles de salud. 

En comunidades rurales o barrios populares, estas aplicaciones funcionan aún sin conexión permanente a internet, sincronizando datos cuando el dispositivo logra conectarse.

Son fundaciones de salud comunitaria y startups de impacto social los encargados de estar al frente de este importante cambio, ya que financiadas por donantes privados, empresas con programas de responsabilidad social y filántropos comprometidos ejecutan iniciativas con las que prueban que la innovación no siempre necesita de grandes presupuestos, sino una comprensión del contexto social.

En América Latina, por ejemplo, se desarrollaron aplicaciones que permiten a adultos mayores registrar síntomas mediante íconos simples, enviar alertas automáticas a promotores de salud comunitarios y recibir información básica sin necesidad de asistir a un centro médico.

En zonas donde los hospitales móviles o los centros de atención primaria son escasos o están a kilómetros de distancia, estas herramientas se convierten en una herramienta vital entre la comunidad y el sistema sanitario.

Otra característica distintiva de estas aplicaciones solidarias es que no funcionan de manera aislada, sino que su éxito depende del trabajo conjunto con redes locales de voluntarios, cuidadores, agentes sanitarios y organizaciones barriales. 

Muchas iniciativas cuentan con instancias presenciales de capacitación, donde se enseña a usar el dispositivo de forma práctica y sin tecnicismos, respetando los tiempos de aprendizaje de cada persona, lo que se convierte en fundamental para su adaptación. 

Este enfoque híbrido, de tecnología con acompañamiento humano de capacitación,  reduce la ansiedad digital y fortalece la autonomía de los adultos mayores, siendo  propuestas que  reconocen la fragilidad social y emocional que puede tener gran parte de la población envejecida en contextos vulnerables.

El impacto de estas aplicaciones va más allá del acceso, sino que estudios dejan en evidencia diversas  mejoras en la incorporación de  tratamientos, reducción de internaciones evitables y mayor detección temprana de problemas de salud.  Los recordatorios simples para tomar medicación, hidratarse o asistir a controles médicos tienen un efecto directo en la persona y su calidad de vida.

Las aplicaciones de salud adaptadas al analfabetismo digital dejan en evidencia una situación que se replica en todo el mundo como es que la innovación tecnológica puede profundizar desigualdades si no se diseña con criterios de inclusión.

 

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