La revolución silenciosa del agua potable en comunidades
El consumo de agua no apta es una de las causas que producen miles de muertes por día. Un punteo de las acciones ante este escenario mundial.

Para millones de personas que viven en comunidades marginadas, abrir una canilla y que salga agua potable no es una acción cotidiana como en muchos territorios. Y esto se convierte en un factor que pone en riesgo la salud, la educación y la dignidad humana.
Frente a esta realidad que se repite en diversas partes del mundo, un conjunto de iniciativas privadas realiza diversos proyectos impulsados por fundaciones, empresas sociales, organizaciones comunitarias y donantes individuales para revertir estos escenarios y generar una verdadera revolución silenciosa basada en tres pilares: pozos, filtros y la esperanza que emerge cuando el acceso al agua deja de ser un privilegio.
El acceso al agua potable, el objetivo para la buena salud
El impacto sanitario ante la falta de agua limpia es un análisis desde hace décadas, teniendo en cuenta que se trata de una problemática que se extiende por todo el mundo. Enfermedades como la diarrea aguda, el cólera o la hepatitis A continúan arraigadas en zonas donde las fuentes de agua están contaminadas por desechos humanos, pesticidas agrícolas o metales provenientes de vertidos industriales.
Según estimaciones de organismos internacionales, más de 800 niños mueren cada día en el mundo por enfermedades prevenibles asociadas al agua contaminada. En este escenario, la intervención privada puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Una de las soluciones más realizadas es la perforación de pozos profundos, una estrategia que parece simple, pero que necesita de una planificación geológica, equipos especializados y mantenimiento a largo plazo.
Fundaciones impulsadas por donantes de diferentes países financiaron miles de pozos en regiones donde el Estado no llega, como el Sahel africano o zonas asiladas de Centroamérica. Estos proyectos suelen nacer luego de diagnósticos participativos en el que miembros de la comunidad identifican la necesidad, organizaciones locales gestionan la logística y equipos técnicos llevan adelante la obra.
El resultado se ve en la reducción del tiempo en el que mujeres y niñas que caminaban kilómetros para acarrear bidones, en la disminución de enfermedades hídricas y en la posibilidad de iniciar cultivos familiares para mejorar su alimentación.
Pero la perforación de pozos no siempre es la solución ideal ya que hay áreas donde las napas están contaminadas con arsénico, como ocurre en diversas provincias del norte argentino o en Bangladesh, por lo que obtener agua del subsuelo puede ser tan peligroso como beberla del río.
En ese escenario, las tecnologías de filtración y purificación de bajo costo diseñadas por startups y laboratorios universitarios se convierten en herramientas claves. Las soluciones son diversas, como filtros cerámicos impregnados con plata coloidal hasta dispositivos de ósmosis inversa adaptados para funcionar con energía solar. Todos ellos con el objetivo de transformar la calidad del agua.
El desarrollo de filtros portátiles comunitarios que, instalados en escuelas o centros de salud, pueden purificar hasta mil litros de agua por día. Estos aparatos, financiados por empresas tecnológicas, se están convirtiendo en aliados inesperados en la lucha contra la deshidratación infantil y las infecciones gastrointestinales.
Docentes y promotores de salud ya visualizan mejoras al contar con menos ausentismo escolar, menos consultas por diarrea y un aumento en la participación de mujeres en actividades comunitarias, al contar con más tiempo al “liberarse” de tareas de búsqueda de agua segura.
A estos dispositivos se suman iniciativas más pequeñas pero igual de importantes como son los emprendedores locales que producen filtros artesanales, colectivos vecinales que gestionan sistemas de recolección de agua de lluvia, o cooperativas que comercializan pastillas potabilizadoras a precio accesible.
Estas acciones, que se llevan a cabo por microfinanciamiento y apoyo técnico privado, dejan en evidencia el fortalecimiento de una economía del agua que no solo busca resolver una necesidad urgente, sino también generar empleo y autonomía en comunidades invisibilizadas.
La revolución del agua limpia no es solo tecnológica sino también es educativa, ya que el acceso a infraestructuras es la base, pero para que un filtro funcione, alguien debe saber mantenerlo, para que un pozo dure, la comunidad debe organizarse y para que la potabilización sea efectiva, las familias deben comprender qué prácticas favorecen o no.
Por eso, muchos proyectos privados cuentan con talleres de higiene, campañas de sensibilización y formación de líderes comunitarios. La educación sanitaria, se vuelve una herramienta transformadora que multiplica el impacto de la intervención inicial.
Pero también, la mejora del acceso al agua no depende solo del trabajo individual, sino que en varios países, empresas sociales y fundaciones trabajan junto a gobiernos locales para potenciar los proyectos, compartir costos y garantizar la sostenibilidad.
En algunos casos, las intervenciones privadas dieron paso a cambios regulatorios, como la incorporación de estándares de calidad del agua o la implementación de programas de monitoreo comunitario.
Sin embargo, estas acciones dan paso a una solución inmediata pero se debe continuar trabajando para que no sean solo herramientas que funcionen como parches temporales, sino un paso para garantizar el derecho al acceso al agua potable.

