Espacios seguros para lactancia materna en mercados y ferias populares
El momento de amamantar se puede volver una situación tensa para madre e hijos. Un punteo de un sencillo modelo de acción.

En muchos rincones del mundo, donde los servicios de salud básica no suele no llegar, las preocupaciones relacionadas a la maternidad quedan en segundo plano para las políticas públicas. Por ello, se dicen que muchas acciones maternales ocurre en movimiento y las calles son evidencia con la lactancia.
Las mujeres amamantan al momento que esperan al colectivo, en pasillos de mercados, entre puestos de verduras o en ferias improvisadas de economía popular.
Aunque amamantar es un derecho y considerado una práctica natural, hacerlo con dignidad en escenarios con vulnerabilidad es una cuestión a resolver. Por este motivo, en los últimos años, fundaciones y organizaciones comunitarias ponen en marcha espacios seguros de lactancia, dentro de mercados barriales y ferias populares.
Lo que empezó como una respuesta puntual a la falta de espacios para amamantar se convirtió en una iniciativa que redefine la forma en la que se concibe la atención de la salud materno-infantil en zonas que no cuentan con los servicios necesarios.
De allí, es de la mano de organizaciones pequeñas, a veces integradas por menos de diez personas, las que están sosteniendo estos puntos de acompañamiento materno con un impacto más que favorable para las comunidades.
La lactancia como necesidad pública
La lactancia materna durante los primeros seis meses de vida genera grandes beneficios para el recién nacido, considerada científicamente como una de las herramientas más efectivas para reducir mortalidad infantil, fortalecer los vínculos tempranos y garantizar una nutrición adecuada.
Pero en muchos barrios populares la realidad es otra al no tener lugares donde una madre pueda sentarse, higienizarse, cambiar un pañal o simplemente darse unos minutos para calmar a su bebé sin la exposición del espacio público.
En ferias donde circulan miles de personas por día, donde el calor, el ruido y la falta de seguridad no son un escenario adecuado, amamantar se vuelve una práctica incómoda e incluso riesgosa.
Y son esos lugares donde se enfocó la acción. Pequeñas fundaciones decidieron intervenir con una idea simple como es crear refugios móviles para la lactancia, inspirados en los lactarios hospitalarios, pero adaptados a entornos informales.
El modelo más puesto en marcha son las carpas-lactario, siendo pequeñas estructuras plegables que pueden instalarse cerca de puestos de comida o los centros de abastecimiento. Tienen silla ergonómica, un dispenser de agua, un cambiador y un botiquín básico para que las madres e hijos se sienten cómodas.
Lo cierto es que esta iniciativa deja en evidencia que no hacen falta grandes inversiones ya que algunas organizaciones afirman haber creado todo el espacio por menos de lo que cuesta un día de feria.
En otros lugares, como mercados municipales, se ponen en marcha contenedores reacondicionados, que funcionan como pequeños centros de salud materna. Allí se cuenta con la presencia de voluntarias con formación en puericultura que ofrecen asesoramiento sobre agarre, extracción y conservación de leche, además de ofrecer un espacio fresco y seguro para amamantar lejos de tanta gente.
Estos contenedores estar equipados con paneles solares, ventilación cruzada y señalización para orientar a las madres.
También existen iniciativas distintas como son los gazebos comunitarios que se ponen en funcionamiento solo los días de feria y se despliegan en tan solo minutos. Algunos cuentan con cortinas para mayor privacidad, otros funcionan como espacios abiertos donde la lactancia es visible y social, reforzando la idea de comunidad.
Más allá del formato, la clave está en que tienen la capacidad de una integración con el entorno y no buscan copiar el modelo hospitalario, sino adaptarlo a la realidad de los mercados informales, donde la dinámica es rápida y son pocos los recursos.
Pero lo cierto es que los mercados y ferias no son solo lugares de intercambio económico, sino que son centros sociales donde mucha gente tiene como espacio diario, por eso, instalar lactarios allí tiene un valor estratégico ya que convierte un espacio cotidiano en un nodo sanitario urbano, acercando la salud a donde la gente realmente está.
Algunas ferias populares de América Latina, por ejemplo, registraron un aumento del 40% en consultas informales relacionadas con lactancia después de instalar estos espacios y muchas madres señalaron que si no fuera por el lactario, habrían evitado asistir a la feria o habrían amamantado en condiciones incómodas o insalubres.
Además, estos puntos generan una suerte de “efecto contagio” en comerciantes que ofrecen agua gratuita, feriantes que ayudan en la difusión, vecinas que se organizan como voluntarias, y como una cadena, la salud empieza a circular como un valor compartido dentro del mercado.
Los espacios seguros de lactancia ubicados mercados y ferias populares, además de ser un espacio seguro, dejan en evidencia un cambio de enfoque sobre la salud materno-infantil, no vista solo como política pública, sino también una responsabilidad colectiva.
El impulso de pequeñas fundaciones demuestra que la innovación en salud no siempre nace de grandes presupuestos, sino de mirar de cerca las necesidades y actuar con sensibilidad , dando respuestas sencillas y ágiles.

