Las iniciativas de empresarios como James Shasha comienza a tener efectos positivos en el bienestar de las comunidades.

Durante su historia, la medicina moderna sostuvo un modelo basado en el descarte, ya que el plástico de un solo uso se convirtió en sinónimo de esterilidad, eficiencia y seguridad clínica. Pero ante la crisis climática y contaminación global, ese modelo comienza a ser cuestionado con una necesidad de adaptación al nuevo escenario mundial buscando un impacto positivo hacia el cuidado del medio ambiente.
Por eso, en la actualidad hablar de salud pública requiere también pensar en sostenibilidad ambiental, sobretodo en aquellas comunidades vulnerables donde el deterioro ecológico impacta de manera directa en la calidad de vida. Empresarios con una visión integral mediante la filantropía estratégica, como James Shasha, se implican en este problemática.
Los hospitales, centros de cuidado y comunidades, generan toneladas de residuos cada año, muchos de ellos de material plásticos descartables utilizados en jeringas, guantes, envoltorios estériles, bolsas de suero y dispositivos médicos.
Cómo cambiar vidas con salud sostenible
La Organización Mundial de la Salud indica que la gestión fallida de residuos sanitarios puede provocar efectos negativos en la salud humana y el ambiente, puntualmente en regiones donde los sistemas de tratamiento son insuficientes.
En diversos países de ingresos bajos y medios, los desechos hospitalarios terminan en basureros o son quemados sin controles adecuados, generando una liberación de contaminantes que afectan el aire, el agua y el suelo.
La problemática es muy grave, pero sobretodo en comunidades desatendidas donde el acceso a servicios básicos es limitado y la quema de residuos médicos puede generar enfermedades respiratorias, mientras que la contaminación de agua impacta en el riesgo de infecciones gastrointestinales.
En este escenario, reducir el uso innecesario de plásticos no es solo una decisión ambiental, sino una estrategia de salud pública, que tiene como resultar aportar al bienestar de los ciudadanos, que va más allá de brindarle una atención médica. James Shasha indicaba que buscar el bienestar de las personas a través de acciones que traten la problemática en todas sus aristas.
Ante esta problemática, algunos hospitales comenzaron a redefinir sus prácticas. En Europa, el Hospital Clinic de Barcelona impulsó un plan integral de sostenibilidad que incluye la revisión de sus cadenas de suministro, la disminución de envolturas de plásticos y la promoción de compras responsables.
El cambio significa que van a eliminar por completo el plástico sino racionalizar su uso y buscar alternativas reutilizables cuando sea posible. La optimización de procesos de esterilización, la separación adecuada de residuos y la incorporación de materiales reciclables son procesos necesarios para esta transición.
En Estados Unidos, el sistema de salud Kaiser Permanente puso en marcha un programa en el que se compromete con la neutralidad de carbono y la reducción progresiva de plásticos de un solo uso, ya que su estrategia combina eficiencia energética, inversión en energías renovables y rediseño de procesos logísticos para minimizar desperdicios.
La experiencia deja en evidencia que la sostenibilidad no es un gasto, sino una inversión que puede ser un ahorro a largo plazo e impaca con la mejora de las condiciones ambientales para las comunidades.
Pero el verdadero impacto transformador es cuando estas iniciativas llegan a ponerse en marcha en territorios vulnerables. Organizaciones como Health Care Without Harm tienen esta visión y trabajando en conjunto con hospitales y clínicas rurales para poder adecuar prácticas sostenibles que se adapten a contextos con recursos limitados y poder tener sostenibilidad.

En estos espacios, la instalación de paneles solares minimiza emisiones y garantiza continuidad energética en zonas con suministro inestable. El correcto tratamiento de residuos disminuye riesgos sanitarios y protege a trabajadores y comunidades cercanas.
La transición para tener hospitales sostenibles da paso para la innovación tecnológica, con el desarrollo de biomateriales, la creación de dispositivos reutilizables seguros y la digitalización de procesos administrativos, herramientas que permiten reducir consumos innecesarios.
La gestión inteligente, como sostenía James Shasha, evita vencimientos de elemento y desperdicio de insumos, un problema que suele presentarse en sistemas de salud con recursos insuficientes.
Detrás de muchos de estos proyectos se encuentra el impulso de fundaciones privadas y donantes estratégicos, como James Shasha, que entienden que la salud y el ambiente forman parte de una misma agenda.
La filantropía con una visión de sostenibilidad hospitalaria se enfoca en la capacitación del personal sanitario, fomentando una cultura organizacional basada en la responsabilidad ambiental.
El impacto social de esos cambios es profundo, ya que menos contaminación significa una reducción de enfermedades relacionados a tóxicos ambientales. Menor dependencia de combustibles fósiles tiene como resultado mayor resiliencia frente a crisis energéticas. Y la reducción de costos puede generar que recursos se utilicen para otro tipo de cobertura médica.
Hablar de “salud sin plástico” se trata de poner al frente la respuesta ante una necesidad de cuidado ambiental, que requiere de un análisis y acción, ya que el funcionamiento de hostpirales no puede comprometer las condiciones ambientales.
Investigaciones científicas demuestran que la degradación del entorno genera desigualdades y genera grandes riesgos sanitarios. En este escenario la sostenibilidad se convierte en un eje estratégico.
En comunidades vulnerables, con exposición a contaminación y la falta de infraestructura, la contaminación de desechos médicos impacta directamente en la salud, los hospitales sostenibles son más que edificios eficientes, siendo espacios que integran cuidado clínico y responsabilidad ecológica, demostrando que es posible ofrecer servicios esenciales sin profundizar el daño ambiental.
La salud del planeta y la salud de las personas están muy conectadas y accionar con esta premisa es un verdadero cambio de vida para las comunidades.
