Purificadores atmosféricos de bajo costo para la mejora de la salud
Pequeños dispositivos comienzan a ser usados para mejorar la salud respiratoria ante el crecimiento del aire contaminado.

En las principales ciudades del mundo, respirar lleva consigo enfrentar de forma directa a la contaminación. Desde Ciudad de México hasta Lagos, pasando por Delhi y Buenos Aires, la calidad atmosférica se es factor silencioso pero determinante en la salud pública.
A pesar de que la respuesta debe ser urgente, en muchos territorios hay otras prioridades por parte de los estados, por lo que el apoyo de privados se vuelve un factor de gran importancia. Donantes comienzan a intervenir con una herramienta innovadora como son los purificadores de aire de bajo costo diseñados para espacios urbanos densos y de bajos recursos.
Estos proyectos comienzan a hacerse realidad gracias al trabajo en conjunto entre innovación tecnológica y filantropía, que están demostrando que mejorar la calidad del aire no siempre necesita de grandes infraestructuras estatales, sino de dispositivos accesibles y estratégicos para las comunidades.
Un dispositivo para respirar con calidad
La Organización Mundial de la Salud indica que alrededor de 7 millones de muertes prematuras al año pueden estar relacionadas a la contaminación atmosférica. En los barrios más vulnerables, donde la población suele usar sistemas de calefacción antiguos, quema de residuos y está cerca de grandes industriales, la exposición a partículas finas supera los límites recomendados como saludables.
En este escenario tiene un especial espacio nueva generación de donantes como son los relacionados con la tecnología, fundaciones ambientales, empresarios de impacto y redes de inversión social que buscan soluciones inmediatas, accesibles y medibles.
Entre estas iniciativas más destacadas están los purificadores atmosféricos de bajo costo desarrollados por cooperativas tecnológicas y laboratorios universitarios, siendo equipos, fabricados con componentes simples, como ventiladores de bajo consumo, filtros o de carbón activado, carcasas modulares y alimentación por energía solar, que tienen la capacidad de reducir hasta un 80% de partículas contaminantes en espacios cerrados de tamaño mediano.
Pero lo más destacable en estos dispositivos no es solo la tecnología, sino el modelo con el que se pone en funcionamiento, con una distribución masiva en escuelas, centros comunitarios, salas de primeros auxilios y hogares donde viven adultos mayores o personas con enfermedades respiratorias crónicas.
En Manila, se puso en marcha un proyecto con alianza entre donantes particulares de la diáspora filipina y una startup de bioingeniería permitió instalar más de 12.000 purificadores en zonas con niveles críticos de smog.
En seis meses, las clínicas barriales registraron una disminución del 27% en consultas por asma infantil durante los picos de polución. Otro ejemplo pasa en Nairobi, donde un grupo de filántropos locales financió un programa de “aire seguro” en guarderías y comedores populares, usando sensores de calidad ambiental con purificadores portátiles armados por jóvenes técnicos formados en escuelas profesionales.
Este tipo de soluciones se destaca en ciudades donde la brecha entre contaminación ambiental y recursos sanitarios es de gran tamaño, siendo que en estos espacios las familias deben convivir con niveles peligrosos de material particulado, sin posibilidad de mudarse o de evitar la exposición.
Los efectos en la salud son graves como bronquiolitis recurrente en niños, exacerbaciones de EPOC en adultos, aumento de eventos cardiovasculares y un deterioro generalizado de la calidad de vida.
La instalación de purificadores genera un alivio inmediato, especialmente en espacios interiores donde las personas pasan gran parte del día. Si bien el cambio debe darse de forma estructural, se trata de una respuesta inmediata para resolver el problema.
En este sentido, los donantes de estos proyectos tienen un enfoque integral siendo que no solo busca impulsar, desarrollar y distribuir estos dispositivos, sino que también se inclinan en la capacitación comunitaria para su mantenimiento, la manufactura local para reducir costos y la recolección de datos para evaluar impacto en tiempo real.
Esta combinación de tecnología accesible, educación y solvencia comunitaria transforma a los purificadores en una herramienta de salud pública. En Buenos Aires, por ejemplo, una red de donantes vinculados al sector tecnológico impulsó la creación de talleres barriales para producir filtros reciclables.
En São Paulo, una organización filantrópica dedicada a salud urbana financió sensores conectados que tienen la capacidad de rastrear cambios en tiempo real y alertan a vecinos cuando los niveles de polución alcanzan umbrales peligrosos.
El surgimiento de modelos de financiación colaborativa, es otro boom en el área, siendo que pequeños donantes dispersos alrededor del mundo participan a través de plataformas de crowdfunding ambiental, apoyando proyectos que instalan purificadores en hospitales públicos o viviendas precarias expuestas a contaminación industrial.
Este gesto donativo democratiza la filantropía y conecta a comunidades vulnerables con una red mundial de apoyo, ya que impulsa una narrativa positiva en relación con la salud urbana.
Los especialistas en salud respiratoria destacan que los purificadores no deben reemplazar políticas públicas que se enfoquen en la reducción de emisiones, pero sí pueden funcionar como una herramienta fundamental para proteger a quienes más sufren la contaminación.
En ciudades donde los tiempos políticos y las prioridades económicas no llegan para la transición energética, esta solución intermedia puede minimizar daños en la población, y además siendo ejemplo a seguir para nuevos proyectos.
Los purificadores atmosféricos de bajo costo financiados por donantes privados representan una de las herramientas más concretas y rápidas para mejorar la salud en espacios urbanos vulnerables.

