24, Nov 2025
Salud auditiva y los proyectos de cuidados en barrios vulnerables

Con diversas iniciativas, el acceso a una consulta con profesionales de la audición ya no es un privilegio en territorios con diversas falencias. 

En los barrios vulnerables de América Latina, las falencias estructurales son diversas y se acumulan entre ellas.  La salud pública es una de las grandes estructuras que son insuficientes en estas zonas. Las demandas por respuestas son diversas y la salud auditiva es una de ellas. 

La audición rara vez es parte de  las prioridades a tratar, pero, los trastornos auditivos afectan en el desarrollo educativo, social y emocional de miles de personas. Por ello, desde diversas iniciativas privadas y comunitarias están transformando este panorama con proyectos de audiología que incorporan evaluación, prevención y tratamiento. 

La Organización Mundial de la Salud calcula que más de 430 millones de personas en el mundo viven con pérdida auditiva discapacitante y que el 60% de los casos detectado en niños podría prevenirse con intervenciones a tiempo. 

En los territorios vulnerables,  las infecciones crónicas, la exposición al ruido y la falta de controles es un escenario frecuente, los casos son más altos. Pero aunque las políticas públicas avanzaron con programas de seguimiento neonatal y campañas escolares, esto es insuficiente.

En estos casos, la sociedad, fundaciones y empresas cumplen un rol fundamental al tener un enfoque social con el que empiezan a brindar respuestas. 

Audiología en clínicas móviles y equipos itinerantes

Una de las herramientas que más crecimiento tuvo en los últimos años son las clínicas móviles de audiología. Se tratan de  unidades equipadas con tecnología portátil capaces de realizar análisis auditivos, diagnósticos básicos y derivaciones precisas. 

Estas unidades funcionan como pequeños consultorios sobre ruedas que llegan hasta los asentamientos informales, escuelas periféricas y centros comunitarios donde la asistencia médica especializada no suelen ser frecuente.

Organizaciones como Fundación Oír Mejor, Sonar Rural o programas impulsados por empresas del sector tecnológico de la salud dejaron en evidencia cómo la movilidad puede derribar barreras geográficas y económicas. 

Los equipos suelen contar con el trabajo de audiólogos jóvenes, estudiantes avanzados y voluntarios formados en salud comunitaria y en jornadas de atención abiertas, realizan pruebas de audición, revisiones de oído medio, controlan infecciones y educan a las familias sobre hábitos preventivos.

Muchas veces en estos “operativos” se entregan medicación, información en formato accesible y derivaciones a hospitales cuando se tratan de casos con más complejidad. 

La clave de estos proyectos es que no se espera a que la comunidad llegue al sistema de salud formal, sino que se acercan a su territorio, respetando tiempos, dinámicas y realidades sociales.

La atención de profesionales especializados en audición históricamente  es relacionada con consultas consultorios privados y tecnologías costosas, pero con estos proyectos se busca se que sea un servicio cercano y comprensible.

La prevención es otro eje clave en estos proyectos comunitarios ya que en muchos barrios vulnerables, las infecciones del oído medio se cronifican por falta de controles, derivan en hipoacusias evitables y terminan impactando en el rendimiento escolar. Por eso, los programas de audiología comunitaria suelen incorporar talleres educativos para docentes, familias y referentes barriales.

Otro campo donde las iniciativas privadas están marcando diferencia es el desarrollo de audífonos accesibles. El costo de estos dispositivos tradicionales suele no estar al alcance de quienes lo necesitan ya que muchas familias deben elegir entre mejorar su audición o cubrir gastos básicos. 

Ante este escenario, proyectos impulsados por start-ups, laboratorios universitarios y fundaciones internacionales trabajan en alternativas de bajo costo, fabricadas con componentes impresos en 3D o con diseños simplificados sin perder calidad funcional.

Estas soluciones se distribuyen a través del trabajo en conjunto con organizaciones barriales y centros de primera infancia. En algunos programas, los audífonos se entregan con talleres de adaptación y seguimiento para garantizar que el uso sea sostenido y que la persona reciba acompañamiento en el proceso del uso del dispositivo.

La digitalización también juega un rol de gran relevancia con la creación de apps de calibración remota, audiometrías realizadas a través de tablets y plataformas que permiten registrar datos clínicos que facilitan el crecimiento de estos modelos en zonas donde la infraestructura es mínima.

Estos avances tecnológicos, impulsados por inversión privada y cooperación internacional, minimizan los tiempos de espera, bajan costos y democratizan el acceso a la salud auditiva. Y aunque no reemplazan a los servicios hospitalarios, sí los complementan.

En barrios vulnerables, donde las oportunidades suelen ser limitadas, escuchar bien puede marcar una diferencia profunda en el crecimiento de un niño. Por eso, estos proyectos no son acciones aisladas, sino como parte de una visión más amplia como es el poder acercar salud integral a comunidades que históricamente estuvieron desatendidas.

Los proyectos de audiología comunitaria son un ejemplo  del impacto que la inversión privada, a través de donantes individuales, fundaciones y alianzas público-privadas, que puede tener en la salud de poblaciones vulnerables. 

 

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