Terapias móviles y la atención psicológica en comunidades aisladas
La atención en salud mental suele ser escasa en contextos vulnerables y se comienza a dar respuesta a las demandas con nuevos modelos de atención.

La atención en salud mental suele ser deficiente en todo el mundo y se hacen muy visibles en regiones rurales o de difícil acceso en los últimos años, donde la escasez de profesionales, infraestructura y recursos deja a comunidades enteras sin apoyo psicológico.
Ante esta falta de infraestructura de atención, diversos programas de índole privado y proyectos impulsados por organizaciones sociales comenzaron a ocupar un rol crucial al llevar terapias móviles a zonas aisladas, transformando vehículos adaptados en unidades itinerantes y lugares de asistencia en una opción funcional para la atención emocional.
Terapias móviles: un puente emocional donde el sistema no llega
Los programas de salud mental móviles surgieron en primera instancia como extensiones de hospitales o universidades, pero en la última década crecieron gracias a financiamiento filantrópico y alianzas público-privadas que permitieron su sostenibilidad.
La lógica para impulsar este tipo de atención es que si las personas no pueden llegar al sistema de salud, el sistema debe llegar hasta ellas, siendo que la movilidad se vuelve una herramienta esencial.
Las unidades móviles de atención psicológica suelen estar montadas en vehículos medianos, camionetas o trailers adaptados para que funcionen como consultorios privados, equipados con climatización, mobiliario básico, conectividad y herramientas para evaluaciones clínicas.
Estos espacios de atención se enfocan en procesos terapéuticos continuos, lo que implica visitas periódicas, seguimiento y articulación con redes comunitarias locales, no se tratan de lugares que atienden solo urgencias.
El crecimiento de este tipo de atención responde a múltiples factores, por un lado, el crecimiento del financiamiento privado para brindar servicios de salud mental con fundaciones familiares, donantes individuales y empresas locales que buscan ser una herramienta para lograr el bienestar de comunidades que no están dentro del sistema sanitario tradicional.
Por otro, la falta constante de profesionales en regiones rurales, ya que muchos psicólogos no se instalen en localidades pequeñas por falta de oportunidades laborales o recursos. Por último, las consecuencias emocionales acumuladas tras la pandemia aceleraron la percepción de urgencia a la necesidad de atención accesible, flexible y culturalmente pertinente.
En este tipo de programas el enfoque es claro y se inclina en que la salud mental en contextos vulnerables no puede abordarse con un único enfoque, sino que las terapias móviles integran diversos modelos como atención psicológica individual, talleres grupales, intervenciones psicosociales basadas en el trauma, acompañamiento familiar y estrategias de fortalecimiento comunitario.
En muchos casos, las unidades móviles trabajan con un enfoque preventivo, abordando señales tempranas de depresión, ansiedad o violencia doméstica, antes de que se conviertan en crisis.
La privacidad que ofrecen las unidades también es un aspecto más de relevante, debido a que en comunidades pequeñas, donde casi todos se conocen, asistir al consultorio del centro de salud puede generar estigma o miedo a que la situación emocional sea expuesta.
A diferencia del modelo convencional centrado en el consultorio, las terapias móviles tienen una estructuración para una buena recepción en la comunidad. Antes de llegar a un territorio, los equipos suelen trabajar con referentes territoriales como líderes barriales, maestros, trabajadores sociales, centros comunitarios o agentes sanitarios.
El objetivo es comprender los problemas emocionales más frecuentes, los recursos disponibles y las resistencias culturales.
Este proceso permite que la intervención de golpe y aislado, sino un trabajo conjunto. En muchas regiones, por ejemplo, el primer contacto con la salud mental se da en talleres comunitarios sobre autocuidado, violencia, consumo problemático o estrés, ejerciendo como puerta de entrada para luego ofrecer terapias individuales dentro de la unidad móvil.
Otra de las innovaciones de estas iniciativas es el uso de tecnologías de bajo costo para sostener el seguimiento con un acompañamiento se realiza a través de videollamadas por teléfono móvil o aplicaciones ligeras.
Esta combinación de presencialidad itinerante y asistencia online permite dar continuidad terapéutica, algo que no suele suceder en contextos rurales y vulnerables.
Además, muchas organizaciones ponen en marcha diversas estrategias de capacitación local y forman a promotores comunitarios en primeros auxilios psicológicos, detección temprana de crisis emocionales y acompañamiento en situaciones de emergencia. Ellos son un nexo de gran importancia entre la persona que pide asistencia y el profesional, conocimiento cómo debe actuar ante ciertas situaciones.
Las experiencias cualitativas muestran una mejora significativa en el acceso a la salud mental. En comunidades aisladas del norte argentino, una unidad móvil financiada por un consorcio de donantes privados logró reducir en un año la cantidad de episodios de crisis emocionales graves en jóvenes, gracias a un programa de prevención escolar y seguimiento personalizado.
En la Patagonia, otra iniciativa brindó apoyo psicológico a familias rurales que fueron afectadas por incendios que se desarrollan en la zona. Tras la atención, muchos adultos lograron retomaran sus actividades productivas después de procesar emocionalmente la pérdida.
El acceso a terapias móviles abre una puerta para rediseñar la atención en salud mental desde un enfoque descentralizado, flexible y profundamente humano.

